Fernando Centeno Chiong
En una prestigiosa universidad suramericana un connotado profesor de derecho constitucional fue invitado a la charla inaugural a desarrollar el tema derecho y justicia.
Ante un concurrido auditorio, el profesor con fama de severo, paseó su mirada austera ante la ansiedad de los alumnos. Se plantó frente a ellos y antes de iniciar, dirigió su vista a un joven estudiante que lucía una melena un poco desordenada y le dijo: “Salga usted de este auditorio”.
El joven atribulado y nervioso tomó su mochila, se acercó al profesor y lo increpó: “Por qué me expulsa, explíqueme las razones. Yo tengo derecho de estar aquí, soy alumno…” La orden del profesor se repitió “¡Salga de mi aula!”, por lo que el estudiante optó por salir.
La conferencia sobre justicia y derecho fue brillante. El orador desarrolló ampliamente los derechos humanos fundamentales del hombre. El derecho a la vida, a la libertad, el principio que todas las personas somos iguales ante la ley, la libertad de conciencia, de expresión, de información, y otros que han sido el producto de la lucha de héroes y mártires en el devenir de la historia para hacer prevalecer la ley y la justicia frente a los poderosos.
Disertó sobre el concepto de la supremacía constitucional, recordando la pirámide de Kelsen que la ley suprema está por sobre todas las leyes en la cúspide de la pirámide y que cualquier ley, decreto, ordenanza, resolución o payasada que se le ocurra a los dictadores no tiene valor legal.
Se refirió también al control constitucional, establecido en todas las constituciones modernas y democráticas donde establece los derechos ciudadanos de recurrir ante las violaciones que por acción u omisión cometen funcionarios, autoridad o agente público y protege el derecho de las personas a no ser detenidas injustamente y respetar su integridad física y seguridad.
Recordó que la constitución es parte integral de la formación de todo ciudadano, que debe respetarla y hacerla respetar y solo mediante el conocimiento de sus derechos y garantías permite ejercerlos y tener la capacidad de enfrentarse a quienes la violen, la maltraten, la atropellen o la pisoteen.
Hizo énfasis en los derechos individuales enfatizando en aquel principio universal, incluido en la Convención de Derechos Humanos, la Convención de Derechos del Hombre , así como también un precepto bíblico y de otros libros desde antes de Cristo y recogido por pensadores, poetas, y académicos que: “Los derechos de cada persona están limitados por los derechos de los demás”, “Nunca hagas a otra persona lo que no querrás que te hagan a ti”, “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”, “El respeto al derecho ajeno es la paz” y otros similares que constituyen una norma fundamental del bien común, de la convivencia, de la paz y la tolerancia. Un mandato fundamental de la justicia y el derecho.
Al concluir el académico, el aplauso no se hizo esperar y tras una breve pausa dijo: “Ese aplauso no es para mí, ese aplauso es para el estudiante que expulsé de esta clase” y lo llamó que ingresara, ofreciéndole excusas, diciéndole que al expulsarlo sin ninguna razón justa, había violado sus derechos elementales de los cuales tanto hablamos, estudiamos y decimos defender. “Cuando violenté los derechos de este joven, solo él me protestó, ¿y ustedes qué hicieron? preguntó, marchándose y dejando al auditorio abarrotado de estudiantes, profesores e invitados reflexionado sobre su última frase.
El autor es periodista, abogado y docente.
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