
Wendy Álvarez Hidalgo
Es común escuchar que los niños de hoy son el futuro y el mañana de un país. Si realmente es así, entonces Nicaragua pareciera estar condenada a la pobreza, porque el 78.6 por ciento de su niñez es azotada por ese flagelo, según datos facilitados por el economista Adolfo Acevedo, basados en cifras de la Comisión Económica para América Latina (Cepal). De ese total, el 42.7 por ciento vive en la indigencia.
Nicaragua casi duplica la media de niños que en Latinoamérica viven en esa condición (40.5 por ciento). Solo el 16.3 por ciento de los niños en América Latina viven en la indigencia, siendo Guatemala, Bolivia y Nicaragua las naciones donde más niñez vive en tal condición. Las cifras que maneja la Cepal son hasta 2011; no obstante, para Nicaragua son de 2005 las más actualizadas del país.
En ese sentido, Acevedo explica que posiblemente esa tasa de niños en pobreza se haya reducido a la fecha, pero no significativamente si se observa el ritmo de disminución de la tasa de pobreza general. Los datos de la Fundación Internacional para el Desarrollo Económico Global indican que entre 2009 y 2012, la pobreza disminuyó dos puntos porcentuales al pasar de 44.7 por ciento a 42.7, respectivamente.
El 70.4 por ciento de los niños en Nicaragua viven en familias pobres, y de esos el 39.1 por ciento son de hogares indigentes. Acevedo recuerda que, según los datos de la Encuesta Continua de Hogares del primer trimestre de 2012, la última publicada, en Nicaragua trabaja el 31.6 por ciento de los niños de 10 a 18 años, equivalentes a 395,556 niños de un total de 1,259,338 de niños de esos rangos de edad que habitaban el país entonces. “Estas cifras indican que vivimos en una sociedad en donde los niños padecen niveles desproporcionados de pobreza e indigencia —son los más pobres de entre los pobres— y el 31.6 por ciento se ve obligado a trabajar para contribuir al sustento del hogar”, enfatiza.
“Si los niños en condición de pobreza e indigencia, que son la mayoría, al arribar a la edad de trabajar lo hacen con estas características, esto significa que, en las próximas décadas, tendremos a la mayor parte de la fuerza de trabajo poco habilitada para desempeñar empleos de mayor calidad, productividad y remuneración”.
La situación empeora por la baja inversión en educación. Por estudiante, el Estado invierte 232 dólares, el nivel más bajo en el hemisferio. “Nuestra sociedad no está haciendo, ni de lejos, el esfuerzo requerido para revertir estas tendencias, en términos de inversión en educación para asegurar que todos los niños tengan acceso a una educación preescolar, primaria y secundaria de calidad, ni en términos de promover la transformación estructural de la economía para que esta comience a generar, cada vez, más empleos de mayor calidad”, afirma Acevedo.
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