Bloomberg News
Los visitantes hacen fila solemnemente en la Isla Robben luego de un cruce en ferry de media hora desde el puerto de Ciudad del Cabo y se abren camino por el paisaje rocoso y árido hasta la antigua prisión donde Nelson Mandela estuvo preso 18 años.
La Isla Robben, que actualmente es un museo, da testimonio del sacrificio que hizo Mandela en su lucha contra el apartheid, el sistema de gobierno de la minoría blanca que les negó a los sudafricanos negros atención sanitaria y educación dignas y los privó de sus derechos civiles y a la tierra. La celda de Mandela se ha convertido en lugar de homenaje desde su muerte el 5 de diciembre en su hogar de Johannesburgo a la edad de 95 años.
“Siempre soñé con venir aquí y ahora mi sueño se ha hecho realidad”, dijo ayer Gugu Nkosi, de 35 años, oriunda de la ciudad de Nelspruit en el noreste, en una entrevista mientras estaba por abordar el ferry para visitar la isla. “Si pudieras ver mi corazón, verías la alegría que tengo. Vamos para recordar a Mandela. Él era todo para nosotros”.
Situada a 7 kilómetros (4 millas) de la costa de Ciudad del Cabo, la Isla Robben se usaba como lugar de destierro ya a mediados del siglo XV, cuando los colonos holandeses la convirtieron en una prisión. Fue una colonia de leprosos y un hospital para enfermos mentales en el siglo XIX y una base de adiestramiento en la II Guerra Mundial.
Mandela pasó una quincena en la isla en 1962, un año después de que el régimen del apartheid declaró a la isla cárcel de máxima seguridad, donde estuvo detenido por salir del país de manera ilegal. Volvió en 1964 a los 46 años para cumplir una condena a cadena perpetua después de ser declarado culpable de sabotaje.
Estuvo prisionero en uno de tres pabellones de celdas de piedra que daban a un patio de cemento. En su biografía de 1994 “Un largo camino a la libertad”, contó que su celda estaba “continuamente húmeda” y era tan pequeña que podía recorrerla con tres pasos.
‘Como animales’
La humillación a que los guardiacárceles sometían a los detenidos quizá era peor que las privaciones físicas, según Fikile Bam, abogado y juez que pasó once años en la isla con Mandela y murió en diciembre de 2011. “Nos lanzaban todo tipo de insultos y nos trataban literalmente como animales”, dijo Bam en una entrevista pocos meses antes de morir. “Éramos como ganado. Siempre nos tiraban agua fría en medio del invierno. Nos largaban los perros”.
Eddie Daniels, activista en pro de la democracia que fue sentenciado a 15 años en la isla, habla de un tratamiento igualmente cruel. “Hacía mucho frío”, declaró en una entrevista de 2011. “La comida estaba sucia, la sopa olía mal. Al principio, yo tiraba la sopa. Pero después de diez días, también me la comía porque quería sobrevivir”.
Inicialmente a Mandela y los demás presos se les ordenó picar piedras en el patio pero luego fueron llevados a trabajar en una cantera de la isla, extrayendo piedra caliza con picos y palas bajo el sol ardiente. Aunque el oficial al mando les dijo que la tarea duraría seis meses, trabajaron allí trece años.
“El mundo está agradecido a los héroes de la Isla Robben, quienes nos recuerdan que ningún grillete ni celda puede igualar la fuerza del espíritu humano”, escribió Obama en el libro de visitantes, luego de su segunda visita el 30 de junio.