Miembros del Congreso Nacional de África cantan, celebrando la vida del expresidente Nelson Mandela (q.e.p.d.) LA PRENSA/Bloomberg

Sueño de la nación arco iris es aún una obra inconclusa

Mandela, de 95 años, murió a última hora de ayer cuando su sueño es aún una obra inconclusa. Las escuelas, las universidades y algunos suburbios ahora están integrados, las leyes discriminatorias han sido derogadas y los incidentes de violencia racial son la excepción.

Bloomberg News

En su primer discurso como presidente, Nelson Mandela presentó la visión de una Sudáfrica sin las divisiones raciales que habían fracturado al país durante 46 años de gobierno segregacionista.

“Construiremos una sociedad en la cual todos los sudafricanos, tanto negros como blancos, puedan caminar con la cabeza en alto, sin miedo en el corazón, seguros de su inalienable derecho a la dignidad humana, una nación arco iris en paz consigo misma y con el mundo”, dijo en su discurso de asunción el 10 de mayo de 1994.

Mandela, de 95 años, murió a última hora de ayer cuando su sueño es aún una obra inconclusa. Las escuelas, las universidades y algunos suburbios ahora están integrados, las leyes discriminatorias han sido derogadas y los incidentes de violencia racial son la excepción.

Sin embargo, los sudafricanos blancos, que representan el 8.7 por ciento de una población de 53 millones de habitantes, en promedio ganan seis veces más que sus pares negros y todavía tienen acceso a mejor educación, atención médica y vivienda. Sólo el 8.3 por ciento de los negros de más de 20 años tenía algo de educación post-secundaria en 2011, frente a un 37 por ciento de los blancos, de acuerdo con los datos del censo.

Percy Tsotetsi, que tenía cinco años cuando terminó el apartheid, es uno de los millones de jóvenes sudafricanos negros que tienen dificultades para llegar a fin de mes. Dice que la pobreza y las protestas que perturbaron sus estudios le robaron una educación y un empleo dignos, obligándolo a ganarse la vida a duras penas lavando autos.

BRECHA RACIAL

“La vida de los blancos es mucho mejor que la nuestra”, señaló Tsotetsi, de 24 años, mientras tomaba un descanso sobre el césped donde estaba lavando un sedán Nissan en un puesto improvisado en el barrio Alexandra de Johannesburgo, colindante con el rico distrito de Sandton. “Sudáfrica tardará en salvar esa brecha”.

La disparidad racial de ingresos está debilitando la unidad y la reconciliación nacionales por las que luchó Mandela. Sólo el 36 por ciento de las 3,446 personas que participaron en una encuesta de Ipsos, con sede en Johannesburgo, entre octubre y diciembre del año pasado pensaban que las relaciones raciales estaban mejorando en Sudáfrica, por debajo de un máximo de 60 por ciento en 2006. El 54 por ciento de los entrevistados confiaban mucho o bastante en un futuro feliz para todas las razas, por debajo de un máximo de 86 por ciento en 2005. El margen de error es de 1.67 por ciento.

La euforia que siguió a la elección de Mandela menguó en tanto al Congreso Nacional Africano le resultó difícil satisfacer las expectativas de los ciudadanos y a la vez hacer frente a la titánica tarea de terminar con la segregación de la economía, extender los servicios públicos y elevar los ingresos de los sudafricanos negros.

“Tenemos que estar algo preocupados”, declaró la analista política de Ipsos Mari Harris en una entrevista desde Ciudad del Cabo. “Decididamente hay menos unidad de la que había en el país”.

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