Durante el último mes, el país ha estado enfrascado en la discusión de las reformas constitucionales que los 63 diputados del orteguismo introdujeron en la Asamblea Nacional.
Antes de eso la discusión era sobre el Canal Interoceánico, proyecto que ha mantenido a los nicaragüenses ocupados por varios meses debatiendo sobre la viabilidad económica o medioambiental del mismo.
Antes del Canal eran otros megaproyectos como el de Brito, o el de Tumarín, o el puerto de aguas profundas en Monkey Point o la refinería El Supremo Sueño de Bolívar. Ninguno de estos proyectos se ha materializado.
Pero no solo la ilusión de los megaproyectos mantienen ocupadas las mentes de los nicaragüenses, también están los problemas. La situación del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social, que en unos pocos años estaría en quiebra, según los expertos. O la ilegalidad en que han permanecido los poderes del Estado y las principales instituciones del país que están encabezadas desde hace ya más de cuatro años por personas que están fuera de la Ley. O los fraudes electorales que se hicieron evidentes, o más bien descarados, desde noviembre del 2008 y desde entonces en este país no se ha realizado una elección decente.
El país salta de megaproyecto en megaproyecto, de crisis política en crisis política; mientras en el sector económico, aunque se ha mantenido estable en los últimos años, en realidad lo que vemos es un crecimiento que los economistas serios aseguran no es suficiente para sacar al país de la pobreza. Es prácticamente, entonces, una macroeconomía de subsistencia en lo que toca a la gran mayoría de la población.
En Nicaragua hay un 42 por ciento de personas que vive bajo la línea de la pobreza, según cifras oficiales. Esa pobreza se define por el monto con que sobrevive una persona al día, que se ha fijado en dos dólares. Sin embargo, esa es una cifra establecida para el beneficio de las estadísticas.
En el mundo real, las personas que sobreviven con tres, cuatro o cinco dólares al día siguen siendo pobres y sin posibilidades de romper ese círculo vicioso que los mantiene empobrecidos. En realidad, la pobreza es mucho mayor de lo que nos dicen las estadísticas. Lo que los nicaragüenses debemos preguntarnos es ¿qué plan tiene el país para salir de la pobreza?
Lo primero que el nicaragüense debe entender es que no son los megaproyectos y las grandes ilusiones los que van a hacer el “milagro” económico que se ha visto en otras sociedades. No va a ser el Gran Canal simplemente porque aún y cuando se construyera el Gran Canal y los proyectos relacionados al mismo, la verdad es que los nicaragüenses no están preparados para aprovechar las mejores posiciones y las oportunidades que estos proyectos generarán. Los trabajos mejor pagados serán llenados por extranjeros mucho mejor preparados, dejando a los nicaragüenses los puestos de menos paga y, por ende, viviendo siempre en la pobreza.
Los países que han realizado el “milagro” económico no lo han hecho con megaproyectos, mucho menos lo han hecho con reformas políticas como las que plantea el orteguismo, que no van a traer “felicidad” como dijo el presidente inconstitucional Daniel Ortega, sino que solo van a traer concentración de poder.
Los países que han realizado el “milagro” económico de sacar de la pobreza a una gran masa de su población, llevándola a engrosar la clase media, son los que como sociedad han puesto la vista en el largo plazo y se han dedicado a invertir en educación, sobre todo al principio, en educación básica que no solo cubra a todos los niños en edad escolar, sino que sea una enseñanza de calidad.
Para no escuchar los cantos de sirena, los nicaragüenses deben convencerse que no van a salir de la pobreza de la noche a la mañana y que primero necesitan una visión de largo plazo.
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