Lucía Vargas
Corresponsal/Granada
La creatividad, la devoción y la fe en la Virgen María es lo que motiva al pueblo granadino a mantener por décadas la tradición de rezar la novena en comunidad y llevar la imagen a las calles de la ciudad.
Este sábado 30 de noviembre, el segundo día del novenario correspondió a la calle Atravesada, bajo la orientación de María Bernardette y Emma Arévalo Lacayo. El presbítero Augusto Gutiérrez, presidió los preparativos.
“Que la virgen nos visite en nuestra calle, es algo muy lindo, por eso cada año preparamos la mejor carroza y el altar a la altura de tan distinguida visitante”, dijo Rosa María Ortegaray, habitante de la calle Atravesada.
El viernes pasado, la novena comenzó en la calle Santa Lucía, donde los altareros y el comité del barrio se organizaron durante todo el año con bingos, rifas y actividades diversas para recoger fondos y poder elaborar la carrosa, los adornos, estandartes y otros para arreglar la calle.
Hoy 1 de diciembre los lugareños de calle Inmaculada, se preparan para recibir a la madre de Jesús por la noche. Durante todo el día realizaran los preparativos a cargo de Winston Orozco y sus colaboradores, con la dirección del presbítero Roberto Ramos.
OBISPOS
Este año la novena fue organizada para rezarse este lunes en la Calle Sur Xalteva; el martes, en Calle La Concepción; el miércoles 4 de diciembre, les corresponde a los pobladores de calle Palmira, la que será presidida por monseñor Silvio Báez, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Managua. El jueves, en Calle Cuiscoma, la novena estará presidida por monseñor Vincenzo Turturro, secretario del Nuncio en Nicaragua.
Para el viernes 6 de diciembre le toca a la calle La Calzada y preside monseñor Marcial Guzmán. El sábado 7, la novena culmina en las calles El Arsenal y Corral, presidida por el presbítero, español Fernando Sánchez.
Según el escritor granadino, Alejandro Barberena Pérez, (q.e.p.d), la tradición del novenario en las calles, inicia en calle Cuiscoma, por el año 1855, cuando una popular mujer conocida como “La Felipota”, fue hablar con el padre Silvestre Álvarez, para que prestara la imagen de la virgen. Cuenta que el cura aceptó y se hizo una enramada en el centro de la calle y así se inicio esta famosa actividad.



