Greg Maddux parece candidato automático, pero nunca se sabe.
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Greg Maddux fue el primer lanzador en ganar el premio Cy Young en cuatro temporadas seguidas, acumulando un promedio de efectividad de 1.98 durante ese sensacional periodo entre 1992 y 1995.
Nadie, absolutamente nadie, ha sido elegido al Salón de la Fama del beisbol de manera unánime. Tom Seaver es quien más cerca ha estado al registrar un 98.88 % de los votos. Maddux, con 355 victorias de por vida, no debe ser despreciado por ninguno de los cerca de 600 individuos a quienes les toca votar en las próximas semanas.
Pero dé por descontado que alguien tendrá algún pretexto, quizás capricho o una suerte de circunstancia especial para omitirle.
No sorprendería que alguien ofrezca el siguiente razonamiento: “Este es el último año que Jack Morris puede aparecer en la papeleta y Maddux ya cuenta con mucho respaldo, así que un voto menos no es un trauma”.
A simple vista parece tan fácil: solo rellenar la casilla hasta un máximo de diez nombres. No lo es. Lo que existe ahora es un marasmo en el que se presenta el escenario de que un votante pueda seleccionar a diez con legítimas credenciales y sentirse que dejó fuera a cuatro o cinco que también merecían consideración.
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