Tatiana Rothschuh
Tenía 21 años y, ante su estado de embarazo, su pareja se vio obligado a confesarle que fue infestado por VIH-sida al sostener relaciones con un gay. Ella sintió que el mundo se le venía encima e intentó suicidarse, poco conocimiento tenía de la enfermedad, pero el fruto que llevaba en el vientre la hizo enfrentarse a la vida y al futuro.
La mujer, que ahora tiene 29 años, con su hijo de 8 al lado, acompañaron ayer a estudiantes, trabajadores y promotores de la salud, entre otros, en la marcha que se realizó en Juigalpa en solidaridad con las personas que conviven con el VIH-sida.
De baja estatura y menudita figura, pero sonriente y altiva, la mujer y su pequeño hijo figuraron como símbolos de lucha. Asegura haber perdido al padre de su hijo cinco años atrás al morir de sida, dice sobrevivir del lavado y planchado, reconoce ser portadora de VIH-sida y lleva seis años tomando medicamentos. Su hijo está bajo control y seguimiento en el hospital La Mascota, de Managua.
“No es fácil porque la gente lo discrimina a uno, yo he sido discriminada por toda Juigalpa, por los vecinos, la gente me conoce y no me llaman por mi nombre, me dicen sidosa”, asegura.
María Elena Hurtado, quien atiende el componente del VIH en el Silais, explicó las acciones permanentes que mantienen entre charlas, ligas del saber, murales educativos, la promoción de las pruebas gratis, entre otras iniciativas. “Atendemos al portador sin discriminación ni son estigmatizados”, aseguró.
La doctora Dilma Sirias destacó los esfuerzos para prevenir la enfermedad e instó a la población a ser sensibles y humanos para integrar a la sociedad con todos sus derechos a quienes conviven con VIH-sida.
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