Sueños horizontales

Tristram Shandy es el resentimiento de una fruta de pan que puede esparcirse en todo un árbol y el parque y una plaza y la noche. Este instinto de romper todo orden vegetal, este voraz golpeteo de tu voluntad contra lo obtuso de tus límites, esta fuerza que oblicua licua gases, es sazón de tu razón.

Ezequiel D’León

Tristram Shandy es el resentimiento de una fruta de pan que puede esparcirse en todo un árbol y el parque y una plaza y la noche. Este instinto de romper todo orden vegetal, este voraz golpeteo de tu voluntad contra lo obtuso de tus límites, esta fuerza que oblicua licua gases, es sazón de tu razón.

Carne me soy, entumecida. No es siquiera un asunto que amerite germinar en poema. Al centro voy en el cuarto del derviche. Cuerpo detenido, hueco, como dentro de una burbuja al borde del estallido.

He conocido las tinieblas más transparentes, las brumas de Jinotega en la noche, aquella vez que las dos mujeres querían llevarte y sentiste la amenaza de un cachorro hermoso. Convertido en hiel en medio de la lengua tu miedo. Es un desgarro de tuétanos indecibles.

Lombrices de abominación surquen surcos dentro. Y no soy yo quien decide nada.

Todo pasa, me digo, mientras tiemblo, todo se sucede en un ritmo inventado por un Diosito lindo que nos metió el cuento del ágape. El vacío responde y prodiga. Le truena el mambo sobrevivir así.

Tristram Shandy es un viaje bien loco, desgarrador, lobo disgregado en la estepa… La curva horizontal del ocaso dibuja la pregunta: opaco cuerpo dormido. Un letrero anuncia muertes niñas.

Inicia un desierto de humedad. La foto es enorme y panorámica y abunda. Todo es piel sedienta que sufre al sentir la soledad del cuarto, la escasez de sábanas, el frío solar, los garabatos pegados sobre la pared como esperando ser interpretados una eternidad.

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