En períodos festivos se consumen grandes cantidades de bebidas alcohólicas y conviene recordar el concepto de “beber con riesgo” para la salud: hombres que toman más de 14 bebidas por semana o más de 4 bebidas por ocasión, mujeres que toman más de 7 bebidas por semana o más de 3 bebidas en un día.
Quienes habitualmente beben por encima de esta cifra tienen riesgo de alcoholismo y problemas asociados. Después del tabaquismo y obesidad, el alcoholismo es la tercera causa de muerte prevenible.
El alcoholismo es la causa más común pero no la única de enfermedad hepática. Las hepatitis virales tipo B y C son causa importante de enfermedad hepática y muerte, en especial cuando coinciden ambas: consumo alcohólico e infección viral. Otro factor de importancia es la desnutrición.
El alcohol es una sustancia tóxica directa para el hígado y produce tres tipos de daño hepático. El hígado graso alcohólico se caracteriza por gotitas de grasa pequeñas o grandes en el interior de los hepatocitos. No tiene nada que ver con el hígado graso de personas que no beben: frecuente en personas diabéticas, obesas, con grasas sanguíneas elevadas y sexo femenino.
Hasta un 40-50 por ciento de bebedores fuertes desarrollan hepatitis alcohólica, cuadro grave en el cual el paciente tiene fiebre, ictericia intensa, mal funcionamiento del hígado y datos de hipertensión portal.
Hay variaciones de susceptibilidad, pero después de 10 a 15 años de consumir ocho cervezas o una media de ron cada día se ha consumido la llamada “dosis cirrógena promedio” que da origen a cirrosis hepática alcohólica, la hepatopatía por etanol más grave. Una vez diagnosticada si el paciente abandona el consumo alcohólico, el promedio de vida con buena atención especializada, es de cinco años. Con medida y cautela todo es bueno, disfrutar con responsabilidad.
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