Lucydalia Baca Castellón
Mantener los estándares de calidad, niveles productividad, certificaciones obtenidas y que las dos escuelas de café instaladas en el norte del país continúen funcionando, es el reto de los casi 6,000 pequeños y medianos productores de café que, durante cuatro años, participaron en el proyecto de innovación tecnológica, que invirtió 4.5 millones de dólares.
El programa financiado por el Reino de los Países Bajos invirtió dos millones de dólares en el fortalecimiento de la productividad, que en promedio pasó de 9 a 12 quintales por manzana. “Aunque en la última cosecha esos rendimientos se vieron muy disminuidos por la afectación de plagas y enfermedades”, aclara María Auxiliadora Briones, gerente de la Fundación para el Desarrollo Tecnológico Agropecuario y Forestal de Nicaragua (Funica).
Otros 2.5 millones de dólares se invirtieron en el mejoramiento del mercado y comercialización del café de especialidad, donde la certificación de las plantaciones fue fundamental para la apertura de nuevos mercados.
“También se establecieron escuelas de café donde los hijos de los productores aprenden administración de empresas, a conocer la calidad del café y barismo. Eso es un impulso para la nueva generación que va a seguir impulsando y mejorando al sector café”, aseguró Reina Buijs, encargada de negocios de Holanda en Nicaragua.
SE CERTIFICARON
Unos 3,000 productores obtuvieron las certificaciones Biolatina (orgánica) y UTZ (de producción sostenible), que les permiten obtener unos 30 dólares por encima del precio del mercado internacional.
Para Juan Carlos Avilés, de la Cooperativa Multisectorial Nueva Esperanza, de Condega, el mayor beneficio que obtuvieron con el proyecto fue la entrada a mercados especializados en café orgánico en España y Estados Unidos y el beneficio de precios que estos mercados garantizan.
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