[/doap_box][doap_box title=»¿Dónde está mi hijo?» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]
El joven, al parecer, logró hacer una llamada a su padre y , llorando le dijo que estaba en México en un lugar donde no les permitían salir. “Yo me siento culpable de la desaparición de mi hijo, cuando él me consultó de las posibilidades de viajar fuera del país en busca de trabajo, le dije que sí, que se fuera porque aquí de todas maneras no había empleo”, habría dicho el padre.
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Redacción central
Más de treinta personas podrían ser víctimas de Roberto Monterrey Vílchez, originario de Los Manchones en Quilalí, departamento de Nueva Segovia, quien fue condenado por crimen organizado en la modalidad de trata de personas con fines de esclavitud. A él se le señala de ser el enlace del Cártel del Golfo para reclutar personas de ese municipio y trasladarlas a México.
En medio de amenazas y circunstancias tensionantes para jueces, fiscales, policías y testigos se desarrolló en los últimos tres meses un proceso que culminó este miércoles con un veredicto de culpabilidad contra Monterrey Vílchez.
La fiscal Melisa Mairena, expresó su satisfacción por el resultado, porque dijo que en el juicio se logró demostrar la existencia de una estructura organizada del crimen, en el cual participaba Monterrey Vílchez.
Dijo que en el proceso figuraron nueve víctimas, pero presume que sean más de treinta, porque la Policía logró determinar en sus investigaciones que esta presunta actividad ilícita viene practicándose en el municipio de Quilalí desde 2009.
Según el expediente, el acusado fue contactado desde México por un coterráneo suyo, de nombre Jonhy José Valladares, supuestamente vinculado al Cártel del Golfo para que se encargara de reclutar en Quilalí a personas con alguna experiencia militar e ingresarlas al grupo mexicano.
El reclutador recibiría pagas de 2,000 a 3,000 dólares. Una fuente policial reveló que el ahora reo, en contubernio con otro investigado, logró seducir en el 2011 a ocho personas de diferentes comunidades de Quilalí, a las cuales llevaron engañadas hasta Tamaulipas, México, con el ofrecimiento de trabajar en ranchos ganaderos.
Una vez en México, y tras darse cuenta que habían sido engañados, tres miembros lograron desertar y retornar a Nicaragua, mientras otros tres fueron capturados por autoridades aztecas.
Dos de ese mismo grupo, Wilfredo Varela Vindel y José Odimildo Valladares Mejía, fueron reportados como muertos y devueltos incinerados en cajitas de madera a sus familiares en Quilalí.
Monterrey Vílchez, capturado hace tres meses durante una de sus venidas a Nicaragua, nunca admitió los hechos.
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