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A paso lento, pero firme para asegurar su fortalecimiento, las Instituciones de Microfinanzas (IMF) continúan el proceso de recuperación, iniciado después de los estragos que les causó la crisis financiera global y el Movimiento de los No Pago. Y, aunque aún hay mucho por hacer para recuperar los niveles de cartera, número de clientes, número de sucursales y la cantidad de empleados que poseían antes de la crisis, la mejoría que registra el sector es evidente.

Lucydalia Baca Castellón

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Para Norwin Rizo Picado, director de riesgo y supervisión de la Comisión Nacional de Microfinanzas (Conami), en la práctica la nueva normativa (Ley 769) propicia el fortalecimiento del sector a través de la homogeneización de los procesos aplicados por las instituciones para medir el nivel de riesgo, los gobiernos corporativos, el control interno, administración del riesgo y la administración de cartera, que antes de aprobarse la Ley se aplicaban al criterio de cada institución.

Por ejemplo, la estandarización del proceso de publicación de las tasas de interés, que obliga a las IMF a que a partir de los próximos noventa días comiencen a hacer públicas las tasas que cobran, de la misma manera en que lo hacen los bancos.

Adicionalmente, se estableció en la Conami una instancia donde los usuarios pueden interponer quejas cuando consideran que las IMF han violentado sus derechos. Hasta ahora se han recibido unas 20 quejas, la mayoría referidas a las tasas de interés. Antes de acudir a esta instancia se debe agotar la vía administrativa ante la IMF señalada, detalla Álvaro José Contreras, director de la división legal de la Conami.

[/doap_box][doap_box title=»Qué controla Ley 769″ box_color=»#336699″ class=»aside-box»]

La Ley 769, Ley de Fomento y Regulación de las Microfinanzas, regula cuatro ámbitos primordiales: la administración integral de riesgos, gobernabilidad y gobierno corporativo, transparencia y protección al consumidor y gestión del desempeño social. En su artículo cinco establece la creación de la Comisión Nacional de Microfinanzas (Conami) como ente autónomo del Estado, encargado de regular y supervisar a las Instituciones de Microfinanzas.

[/doap_box][doap_box title=»De las mejores» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]

Cinco de las cien mejores instituciones de microfinanzas en América Latina y el Caribe están en Nicaragua, según un ranking publicado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

ProMujer sobresalió en el listado con un puntaje de 70.31; Prodesa con 68.45; Financiera Fama con 66.48; el Fondo de Desarrollo Local (FDL) con 65.95 y Fundenuse con 63.95, de una escala de cien puntos.

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A paso lento, pero firme para asegurar su fortalecimiento, las Instituciones de Microfinanzas (IMF) continúan el proceso de recuperación, iniciado después de los estragos que les causó la crisis financiera global y el Movimiento de los No Pago. Y, aunque aún hay mucho por hacer para recuperar los niveles de cartera, número de clientes, número de sucursales y la cantidad de empleados que poseían antes de la crisis, la mejoría que registra el sector es evidente.

Para representantes del sector y de organismos internacionales, el fortalecimiento de las IMF se debe fundamentalmente al marco regulatorio que le otorgó la Ley 769, Ley de Fomento y Regulación de las Microfinanzas que fue aprobada en junio del 2011 y entró en vigencia en enero de 2012.

“El marco normativo para el microcrédito en Nicaragua fortaleció la confianza en el sector tras el movimiento No Pago (2008-2010) y la interferencia política. Las tasas de interés no están sujetas a topes impuestos por el Gobierno y las reglas, como los requisitos de capital, han sido suficientemente flexibles para que las instituciones microfinancieras existentes puedan hacer la transición al nuevo marco”, destaca el Microscopio global sobre el entorno de negocios para las microfinanzas 2013.

En el puntaje general del entorno para las microfinanzas el estudio que incluyó a 55 países, le otorgó a Nicaragua el lugar 14 con una calificación de 52.9 de un total de 100 puntos, 9.0 puntos por encima de la nota obtenida en el informe del 2012, cuando ocupó el puesto 28 con una nota de 43.9. En ese año, el sector solo alcanzó una mejoría de 1.6 puntos con respeto al 2011, cuando ocupó el puesto 30 con una calificación de 45.0 puntos.

INDICADORES MEJORAN

El estudio es realizado por The Economist Intelligence Unit con el apoyo financiero del Fondo Multilateral de Inversiones (Fomin) —miembro del Grupo del Banco Interamericano de Desarrollo—, el Banco de desarrollo de América Latina, el Centro para la Inclusión Financiera en Acción y Citi Microfinance. Mide cualitativamente tres indicadores: el entorno general, el marco regulatorio y práctico y el marco institucional de apoyo. En todos el sector local muestra mejorías de entre 5 y 9 puntos.

Entre los países de Centroamérica en el informe 2013 Nicaragua solo fue superada por El Salvador, que ocupó el lugar 8 de la lista general, y por Panamá que se colocó en el puesto 11. Pero superó con creces a Honduras, Costa Rica y Guatemala.

El director ejecutivo de la Asociación Nicaragüense de Instituciones de Microfinanzas (Asomif), Alfredo Alaniz, coincide con el informe en que la nueva ley incidió en la mejoría que se percibe; pero considera que también han influido las lecciones que aprendieron con la crisis.

“La ley y un conjunto de normas que se están aprobando elevó enormemente el puntaje de ese componente de clasificación del clima de negocios. Las facilidades que otorga la ley para crear instituciones de microfinanzas con la posibilidad de moverse hacia la superintendencia, también crea un clima propicio”, manifiesta Alaniz.

Para el funcionario de Asomif el hecho de que algunas disposiciones como la libertad en tasas de intereses, el tema de la transparencia de la información y la protección del consumidor —establecidas por la ley— son cosas que también se valoran y han venido a mejorar la clasificación de Nicaragua.

AÚN HAY MUCHO POR HACER

Pese a los avances del sector, el representante en Nicaragua del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Carlos Melo, considera que la industria está muy lejos de recuperarse.

“Tanto en nivel de colocación de crédito como en número de clientes, sobre todo en el sector agropecuario y del nivel de fondeo. Todavía está muy lejos de los niveles que existieron hasta antes de la crisis. Entonces lo que se necesita es recuperar la confianza, tanto de los fondeadores externos como de los microempresarios”, asegura.

Según Melo, para que el sector termine de recuperar esa confianza es imprescindible establecer normas contables y un manual único de cuentas, que permita llevar un control similar al que lleva la Superintendencia de Bancos y Otras Instituciones Financieras (Siboif).

El BID apoya dicho proceso que permitirá obtener en el sitio web de la Comisión Nacional de Microfinanzas (Conami) los estados financieros de las instituciones inscritas en esa instancia y conocer su situación real. Hasta ahora 26 IMF están inscritas y cuatro tramitan su ingreso.

SISTEMA JUDICIAL ENTORPECE

Alaniz lamenta que a pesar de que la calificación del riesgo país ha mejorado en algunos aspectos, en otros el país sigue estando muy mal. “Uno de ellos es el Sistema Judicial. La recuperación de las garantías por la vía judicial y tomar posesión de esas garantías, sobre todo cuando son hipotecarias, eso no se logra todavía en Nicaragua, está muy difícil”, asegura Alaniz.

El director ejecutivo de Asomif explica que los jueces otorgan las propiedades a favor de las microfinancieras, pero para hacer efectivas las sentencias es necesaria la actuación de un juez ejecutor y de la Policía, pero estos no actúan.

“Policías y jueces dicen no. Eso es un problema, es muy arriesgado, hay mucha violencia. Entonces eso afecta la clasificación, digamos, la falta de un Estado de Derecho”, lamenta Alaniz.

Esta situación ha evitado la ejecución de muchas sentencias. El tema se ha llevado a la comisión de seguimiento entre el Gobierno y el sector privado, pero como el problema se ha generalizado, porque se ha vuelto “un negocio tomar tierras”, no ha sido posible encontrar una solución.

(Con la colaboración de Wendy Álvarez y Lucía Navas).

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