BOGOTÁ/AFP/EFE/AP
A punto de cumplir un año del diálogo de paz, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Gobierno firmaron ayer en La Habana (Cuba) un nuevo acuerdo parcial sobre participación política de la guerrilla, el segundo tema de agenda y el más importante de la guerrilla, que constituye la primera vez en que las FARC accedan, al menos en papel, a dejar las armas que tomaron en 1964.
Pero una dejación total de las armas —indicó el comunicado leído a periodistas por el representante cubano Rodolfo Benítez—, depende de que las dos partes negocien el resto de su agenda de cinco puntos. Este acuerdo constituye un mensaje de confianza en el proceso de paz, cuando el respaldo al diálogo viene en descenso (56 por ciento), según analistas.
Asimismo, acordaron desarrollar un sistema integral que proteja y garantice la vida y libertad de opinión de los políticos, enfocado especialmente en el respeto al nuevo movimiento que surja de la desmovilización de las FARC.
Instalar una misión de expertos que haga una “revisión integral” del sistema electoral colombiano y proponga ajustes. También acordaron fortalecer los medios comunitarios y el acceso de la oposición política a los medios de comunicación tradicionales.
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El acuerdo sobre participación política abre el camino para la conversión de la guerrilla en un partido legal si se firma la paz, aunque los detalles de ese tránsito se decidirán más adelante.
“Es un paso gigantesco que en cincuenta años nunca habíamos alcanzado, porque el tema más importante y sensible para una guerrilla es el acceso al poder”, expresó el politólogo y experto en seguridad Jairo Libreros. Para este analista, los otros puntos pendientes de la agenda serán más fáciles de convenir porque “son secundarios, ya han sido tratados y ya se ha llegado a preacuerdos”.
Luis Eduardo Celis, investigador en el centro de estudios Paz y Reconciliación, consideró también que con el consenso logrado sobre participación política “el proceso de paz ya no tiene reversa”. “Las dos raíces del conflicto con las FARC son el tema agrario y la participación política. Si en esos dos puntos hay ya acuerdos sustantivos, lo demás va a fluir”.
Ante las posibles críticas que reciba el acuerdo político, la profesora de estudios internacionales Sandra Borda destacó que junto a los mecanismos para brindarle espacio a las FARC como actores políticos se incluyó también una “gran concesión” de la guerrilla: se abandona la doctrina de la validez de todas las formas de lucha. “Todo encaja bien: si se mejora el régimen democrático entonces no hay excusa para seguir haciendo política con las armas”, subrayó.
DIÁLOGO Y ELECCIONES
El consenso asegura también la continuidad de las conversaciones, justo cuando está a punto de arrancar la campaña electoral para los comicios legislativos y presidenciales de 2014 y el mandatario Juan Manuel Santos debe anunciar si optará a otro período. Esas elecciones podrían servir además para someter a votación los eventuales acuerdos de paz.
“Lo que se ve es que no van a suspender el diálogo. Se le está dando un mensaje de optimismo a la sociedad. Pero queda por ver si esto va a ayudar a Santos en caso de que decida ir a la reelección”, comentó el politólogo Fernando Giraldo. “A la gente le molesta mucho que la guerrilla resulte premiada”, señaló, al referirse a las condiciones especiales anunciadas para promover la representatividad política de las FARC, por medio de circunscripciones electorales especiales transitorias y otros mecanismos que facilitarían la creación de un partido político.
Santos gobierna con una amplia coalición de centro-derecha que lo ha respaldado para el proceso de paz, al que solamente se opone su predecesor Álvaro Uribe (2002-2010). “El proceso de paz va a polarizar mucho la campaña electoral y todo se va a acelerar en la mesa de conversaciones”, previó Libreros.

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