Diego Vargas Montealegre
Tuve la oportunidad de participar en la delegación empresarial que visitó la República Popular de China para conocer de primera mano lo que tenía que mostrar el señor Wang Jing sobre sus empresas, sus contactos y las empresas relacionadas que —junto a HKND— hacen que se piense que es posible hacer realidad nuestro anhelado sueño: la construcción del Canal Interoceánico en Nicaragua.
En el mes de agosto promovimos —a través de la firma norteamericana McLarty & Associates— un evento en Amcham que nos permitiera tener información de primera mano de parte del vocero de HKND. Es cierto que quedaron muchas preguntas sin responder. Habían transcurrido apenas siete semanas desde que el Gobierno y la Asamblea Nacional habían otorgado una concesión a HKND que muchos continúan criticando.
Fuimos, vimos y creemos que hay que poner atención al asunto. Esto no quiere decir en ningún momento que hemos olvidado nuestras preocupaciones por el tema de las eventuales expropiaciones, ni la forma de indemnización de las mismas, ni por el riesgo que supuestamente vincula las reservas internacionales del Banco Central.
Vamos al punto. China es una potencia económica que nadie puede cuestionar ni obviar. Si bien es cierto existe un régimen comunista, el capitalismo de estado prevalece y —seamos claros— ha dado resultado. La utopía del comunismo se enterró sin pena ni gloria, afortunadamente. Igual ha ocurrido en Nicaragua y eso es para bien.
Las reuniones que sostuvimos, así como visitas a obras de gran envergadura como el proyecto de Las Tres Gargantas, dejaron una muy buena impresión de la indiscutible fortaleza de China —como nación— de tener la capacidad necesaria, junto a los recursos económicos y la tecnología apropiada, para construir el Canal de Nicaragua. Empresas de primer orden a nivel mundial mostraron su compromiso con el señor Jing y HKND para que —junto a las firmas internacionales que acompañan el proyecto— reflejen esperanzas e interés por hacer realidad este sueño.
Las promesas públicas que el señor Jing ha exteriorizado (en cuanto a fechas y dimensiones) son demasiado optimistas y muy ambiciosas. Es difícil no dudar en los plazos que mencionan como metas para el inicio y la finalización de la obra. Las fechas están a la vuelta de la esquina y no tendremos que esperar mucho tiempo para darnos cuenta si este proyecto tiene futuro o seguirá siendo nuestro sueño. Bien ha hecho el presidente Daniel Ortega en promover esta idea. Este debe ser un proyecto de nación que sirva para unir y dialogar con los sectores que aún no han sido tomados en cuenta. El presidente Ortega tiene en sus manos esa oportunidad.
Sobre el Canal, ahora es cuestión de seguir dando seguimiento, especialmente en cuanto al financiamiento de las obras, la transparencia en todo el proceso, la participación de la mano de obra nacional y de las empresas locales, así como el compromiso de todo un pueblo de avanzar hacia el desarrollo.
El autor es presidente de Amcham.