LA PRENSA/ CORTESÍA

Hay que crecer con equidad

“Los vientos a favor” del crecimiento económico global de la última década se revierten, pero el vicepresidente del Banco Mundial (BM) para América Latina y el Caribe, Hasan Tuluy, dice que eso no debe implicar un pensamiento pesimista, porque las condiciones, aunque con diferencias en las subregiones, son mejores.

Lucía Navas

“Los vientos a favor” del crecimiento económico global de la última década se revierten, pero el vicepresidente del Banco Mundial (BM) para América Latina y el Caribe, Hasan Tuluy, dice que eso no debe implicar un pensamiento pesimista, porque las condiciones, aunque con diferencias en las subregiones, son mejores.

América Latina ha avanzado en términos económicos, aunque con tasas desiguales por subregiones. Centroamérica es de las tasas más bajas. ¿Qué pasa, según el Banco Mundial?

América Latina al contrario de la década perdida, los años ochenta, hoy tiene una política monetaria y fiscal más sólida, una mejor gestión de la deuda, y tiene amortiguadores muchos más fuertes que antes. Creo que no solo se puede continuar mejorando la distribución del ingreso, sino que se puede continuar creciendo para que busquemos mejorar la productividad humana, de logística, de la competencia de los diferentes sectores, del clima de negocios. Se tiene una base sólida para continuar creciendo con equidad y mejorar la distribución del ingreso, la situación de hoy no se compara a los de los años setenta. El crecimiento va a bajar, pensamos que el crecimiento promedio será del orden de 2 y 2.5 por ciento (mundial), pero en todos los países emergentes hemos visto una baja pero puede recuperarse después si continuamos invirtiendo en la productividad. Tenemos países en América Latina que crecieron del orden de 5, 6, 7 y 8 por ciento, son los ejemplos de Panamá, Perú y Paraguay. En América Latina existen países que no se beneficiaron de crecimiento de este nivel. En América Central tenemos algunas experiencias como El Salvador y países del Caribe que no crecieron al nivel del promedio. ¿Y por qué? Sin duda en parte por la falta de productividad, la no integración a diferentes mercados de escala y vinculado a mercados de Estados Unidos. Pensamos que Nicaragua va a crecer cuatro por ciento y Costa Rica probablemente también.

¿Ve el 2014 más complejo, especialmente para Centroamérica?

El clima global será más difícil y los vientos a favor desaceleran claramente, pero el caso específico es que los Estados Unidos tiene un mejor crecimiento y Centroamérica depende directa e indirectamente de lo que pasa en los vecinos del Norte, en el comercio, el turismo, etc. Por eso soy menos pesimista del impacto en 2014 en los países de América Central que otros que no tienen de vecinos mercados fuertes. Europa, por ejemplo, el crecimiento es muy tímido y los países alrededor del Mediterráneo van a sufrir un poco más que los países vecinos a Canadá, pero para eso los países deben pensar cómo captar más turismo, más inversiones, más comercio de los mercados.

¿Cómo hacerle frente a la desaceleración económica en estos momentos?

Es la tarea de la productividad. Obligatorio es mejorar la calidad de los recursos humanos, es un proyecto a largo plazo. Segundo, se debe mejorar la infraestructura y logística. En febrero hemos tenido una conferencia en San José, Costa Rica, donde discutimos el tema. Parece que del 30 al 40 por ciento del valor de los productos se pierden por falta calidad de infraestructura y de logística, particularmente en las fronteras. Por eso hay que mejorar eso no solo en el interior de cada país, también a nivel de región. Lo tercero es la competitividad de diferentes sectores. Los costos de la energía en América Central son relativamente altos y si no nos abrimos a la competencia, mejorar las inversiones en tecnología, abrir los mercados, los costos seguirán altos y eso se traduce en una baja de competitividad global. Un cuarto punto son los desafíos con las inversiones, con las políticas públicas, es el clima de negocios. Si por ejemplo un inversor quiere invertir en un país y necesita dos años de trámites y enorme capital se irá a otro país. Y todo eso es un paquete de medidas para mejorar las economías. Tenemos en la misma subregión factores favorables, el masivo programa de inversiones en Panamá ha significado no solo un nivel de crecimiento económico importante, sino que hoy importa trabajadores de países vecinos, da empleo. Es una oportunidad para la integración de la subregión. También en otros temas, Nicaragua tiene un potencial enorme geotérmico, pero para aprovechar ese potencial la subregión tiene que integrarse y con ello los mercados de energía.

¿Cuáles serán las prioridades del Banco Mundial en la subregión?

Hay dos metas en el Banco Mundial: la reducción de la pobreza y una prosperidad compartida con un crecimiento incluyente y creo son las mismas de los países miembros. Lo que podemos hacer es apoyar los esfuerzos de los países, dar un paquete de medidas que tiene un trabajo de análisis, de intercambio de experiencias y conocimiento. Por ejemplo, cómo otros países resuelven los problemas de interconexión energética, cómo mejorar la calidad de los recursos humanos. Y finalmente un paquete de financiamiento, préstamos y donaciones y los programas que movilizan financiamiento privado para acompañar los gastos públicos en diferentes programas. Eso se discute caso por caso para identificar cómo acompañar cada problema en cada países, no existe un modelo que diseñemos en Washington.

La clase media según el BM aumentó en 50 millones de personas, pero también señalan que eso trae nuevos desafíos como servicios de calidad…

Por primera vez en 2011, la clase media fue más grande que los pobres. Creo que las manifestaciones que vemos en los países son positivas porque es manifestación de democracia. Cuando la población tiene exigencias legítimas de mejores servicios, no solo de acceso sino de calidad, es una cosa buena, y del involucramiento de la población en el destino de su país. Al contrario de lo que vimos antes, cuando la clase media, la más rica, se retiraba de los servicios públicos y compraba los de salud y educación privada, de electricidad, de seguridad, y cuando en ese momento los gobiernos llamaban a la población a contribuir a construir la sociedad, la clase media decía “no necesito nada, por qué pagar los impuestos”, es un círculo vicioso. (Pero) la gente que necesita de verdad los servicios públicos, los pobres, no tienen dinero para pagar los impuestos. El nivel de declaración respecto al PIB es alrededor del 15 y 16 por ciento, con eso es muy difícil de contribuir a mejorar la infraestructura, la calidad de las escuelas. Creo que por primera vez tenemos una clase media que se dice “yo soy de esta comunidad, en lugar de retirarme del sistema voy a demandar al Gobierno brindar servicios de calidad”.

¿La meta de reducir la pobreza mundial a la mitad para 2030, no es ambiciosa? ¿Cuál es la estrategia para que países como Nicaragua lo logren si casi la mitad de la población vive en pobreza?

Tenemos todos la obligación de (establecer) metas ambiciosas, lo contrario es aceptar que mañana seguirá la gente más pobre en nuestra comunidad. Establecer metas ambiciosas no se van a traducir automáticamente en resultados, pero nos va a impulsar más a tener un sentido de urgencia y pensar en todo momento si las políticas públicas son de interés solamente de una parte del país o son compartidas con la gente más humilde. En algunos países en América Central debemos redoblar los esfuerzos en la infraestructura, en los servicios básicos, en la educación, no solo en la construcción de las escuelas sino en verdaderos programas de capacitación de la gente. Las energías sostenibles a bajo precios. Todo eso es posible.

¿Lograr reducir la pobreza en una generación?

¿Por qué no? El país debe definir las propias metas. Las metas que el doctor (Jim Yong) Kim establece es a nivel global. Espero que ese tipo de metas sean ambiciosas y urgentes.

¿Su evaluación de los programas que financian en Nicaragua?

Creo que funcionan muy bien, exitoso a nivel no solo de país (sino también a nivel) de la subregión, donde también tenemos diferentes programas con los países miembros del Banco Mundial. Esta visita me permitió ver directamente los proyectos más allá de los informes. Cuando visitamos los proyectos de caminos rurales lo que me impresionó no fueron los aspectos técnicos de la carretera, esa es la parte fácil, es el aspecto que podemos comprar (la tecnología, los adoquines. No son los kilómetros que construimos, es el impacto en la vida cotidiana de la gente. Es que antes una hija que no podía ir a la escuela por la distancia, por la temporada lluviosa, ahora esa hija puede ir y continúa en la escuela. En un rincón del país una persona está enferma, o las mujeres embarazadas no podían ir al centro de salud, hoy la calidad de vida de estas familias son fundamentalmente diferentes. Cuando producen productos perecederos que antes debían transportar con caballos o a pies, hoy un camión que llega a la zona disminuye sus costos y eso es un aumento del ingreso de la familia del productor. Como técnicos hablamos de porcentajes, de millones de desembolsos, pero al fin lo que cuenta es sí o no la calidad de vida de la gente cambió de manera sostenible y tangible. Si ellos tienen una oportunidad, una visión más favorable, más optimista para la generaciones futuras, eso para mí eso es fundamentalmente el desafío de desarrollo.

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