Cartas al Director

Día del Médico

A mis colegas: un trozo de la historia de la medicina en Nicaragua. Homenaje en el Campus Médico. El 20 de octubre del año 2000 se realizó en el Campus Médico de la Universidad de León, un grandioso acto dedicado a los maestros formados en la escuela de medicina francesa, que a principios de siglo fueron los indiscutibles fundadores de nuestra Facultad de Medicina. La Embajada de Francia, la Facultad de Medicina de la Universidad de León, la Asociación Médica de León, Asociación de Estudiantes de Francia y la Alianza Francesa de León, organizaron un programa de reconocimiento a los maestros doctores: Roberto Sacasa, Luis Alberto Martínez, Alfonso Argüello Cervantes, Luis H. Debayle, Alcides Delgadillo, y Humberto Tijerino, todos ellos egresados de la Facultad de Medicina de París (La Sorbona).

Estos maestros formados en esa escuela influyeron en forma determinante en la enseñanza de la carrera de medicina que se estudiaba en la Universidad de León a principios de siglo XX. Su ejercicio profesional y su entrega a la docencia sentaron las bases bien sólidas de nuestra carrera médica. Luis Alberto Martínez, gran maestro, secretario perpetuo de la Facultad de Medicina de León. Sus tesis de doctorado en París ocupan un lugar especial en los anales de los estudios de medicina en León. Quienes recién inician la carrera aprecian hasta con alguna reverencia esas famosas tesis de graduación. “Les Lymphatiques de la Vessie”, trabajo presentado por el doctor Alfonso Argüello Cervantes (1928) en el Servicio Anatómico de Rouviere, quien alude a él en su Obra Anatómica, con encomio y elogios. “L‘ Emetine dans les maladies tropicales”, del doctor Humberto Tijerino, trabajo de gran valor científico y precursor en el tratamiento de muchas enfermedades tropicales. Alcides Delgadillo fue pionero en tres especialidades en las que hizo historia en Nicaragua: Partos-Piel-Bacteriología. El legado de ellos sobre las doctrinas médicas francesas ha dejado huella imperecedera en nuestra cultura médica, esto explica lo que han afirmado mucho estudiosos, la razón de llamar a nuestras primeras facultades de medicina “hijas de Francia”.

Dr. Elías Corea Fonseca. Historiador de la Medicina.

El colmo de  irresponsabilidad

Con motivo del aniversario 122 de su creación como departamento, Jinotega estuvo de fiesta del 12 al 20 de octubre recién pasado. Esto no sería nada raro para ningún ciudadano nicaragüense, dado que los aniversarios siempre se celebran para divertir a unos pocos y hacerle la vida imposible al resto de la población, pero que la Policía Nacional deje de ejercer sus funciones porque “estamos de fiesta”, eso raya en la inoperancia acostumbrada.

El domingo 20 de octubre, fecha en la que se cerraba la fiesta con el ya tradicional desfile hípico que este año fue el más desordenado y menos vistoso de todos, fue muy notoria, como siempre, la presencia de jinetes y conductores de vehículos haciendo de las suyas en las calles de la ciudad, exponiendo al peligro a las personas que por una u otra razón, andaban en las calles. Pero lo peor de todo fue la falta de presencia de la Policía, para guardar el orden.

Ante la falta de responsabilidad de uno de tantos conductores ebrios y ante la circunstancia de que un niño casi fue tropellado por uno de ellos, le dije a un policía que se encontraba “disfrutando” del desfile que por qué no hacía nada para frenar a los conductores ebrios, como manda la Ley, y campantemente me respondió: “Es que estamos de fiesta”.

Le pregunto a la comisionada Aminta Granera si cuando se está de fiesta en cualquier lugar los conductores tienen derecho u autorización para emborracharse mientras manejan sus vehículos, contraponiéndose a la misma ley ante la vista y paciencia de los garantes de la seguridad ciudadana. Como ciudadano me siento ofendido por esa “gran” labor desempeñada por la Policía, que se olvida de sus verdaderas obligaciones para formar parte de un vulgar zafarrancho disfrazado de fiesta.

Ramón Pineda.

 

Cosep

Cuando se habla y escribe cada quien expresa su criterio. Es difícil comprender los intereses de los demás, el amor a la patria nos hace actuar a impulso del corazón.

Daniel Ortega cada día fortalece su proyecto totalitario marxista-leninista mientras que el Cosep actúa como empresa privada que es, defendiendo los intereses de sus agremiados. Para eso han elegido al licenciado José Adán Aguerri, para que los represente y defienda los intereses de los que depositaron su confianza en él.

Debemos comprender que a la mayoría de los empresarios no les interesa la política. Como lo ha expresado José Adán Aguerri, “A nosotros no nos corresponde hacer el trabajo de los políticos”. Los políticos no pensamos como empresarios y deseamos que todos los nicaragüenses estén en contra de Ortega, pero yo soy uno de los pocos que comprende y respeta el criterio de los empresarios. Con respecto a los empresarios, alguien tiene que defender los criterios del Cosep. Por eso les ha tocado a dos apreciables ciudadanos, José Adán Aguerri y Carlos Pellas Chamorro, ser el blanco de las críticas

En Nicaragua no se había organizado la oposición. Fue hasta el 20 de agosto pasado que se organizó una alianza y se está gestando la formación de otra, en la que considero se debe buscar la unidad total y actuar sin posiciones excluyentes.

Luis Solórzano. Granada.

El tarro de “petipoas”

Aproximadamente era el mes de agosto de 1985. Estaba muy cerca mi cumpleaños. No tenía nada que llevar a la casa y decidí ir al supermercado situado enfrente a la esquina de la iglesia del mismo nombre (El Redentor, esquina opuesta al Ministerio del Interior). Atravesé el pequeño parqueo asfaltado y me situé en la amplia puerta hacia el costado oeste del edificio, hacia el oriental mercado capitalino. Un muchacho se encontraba con los ojos muy abiertos puesta la mirada en mí. Esto me comprometió a entrar. Di tres pasos hacia adentro y me enfrenté a algo increíble. Estantes de amplias tablas completamente vacíos, sin ninguna clase de productos.

Disimulé mi sorpresa o espanto y tratando de disimular la fija vista del cuidador, recorrí viendo de arriba abajo las tres filas de tablas. Recorrí las cuatro hileras de tablas vacías, y en la última fila encontré algo increíble: un pote de “petipoa” de unas cinco pulgadas de alto por aproximadamente cinco de circunferencia. Lo tomé en mis manos y la frágil envoltura de metal pareció ceder y querer romperse por el peso de la fruta; la pequeña fruta.

Obligado entre mis dos manos por temor a que se rompiese caminé despacio como si llevase un tesoro. A la llegada a casa, como esperaba la débil lata envoltorio con facilidad cedió al abridor. Aquellas diminutas frutas verdes colmaban el tarro o recipiente. Estaba entre un agua de color amarronado.

Comerlos como frijoles era ponerlos a cocinar, ya que eran tan duro y simple el sabor que de la sorpresa asquerosa de haber llegado al supermercado del Redentor, a una cuadra del parque Liliam, en Managua, y encontrar el tesoro que me ofrecía la industria rusa, se convirtió en un asco natural. Tomé el pote de “petipoa” , me fui al cauce ya que habitaba del portón del cementerio occidental una cuadra arriba al este y media al lago o norte.

No había nada en la casa. Eran más o menos las once de la mañana de ese día del año 1985. Tuve suerte de ser el último cliente y encontrar algo que comer y de no volver a visitarlo. Todavía parece observarme el joven de la puerta, su seriedad contrastaba con mi sorpresa.

Cumplí con el recorrido completo por los estantes, a como lo hice en varias ocasiones en el supermercado frente al salón cervecero central en la calle 15 de Septiembre y la avenida Roosevelt, donde en los estantes llenos de comida compraba media libra de jamón a cinco córdobas.

Creo que mi sorpresa en mi inspección al súper (1985) valió la pena por el costo de mi vida en el desengaño revolucionario.

German T. Strauss Miranda.

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