El procedimiento que se usó, el martes de la presente semana, para desalojar a los pequeños comerciantes que habían instalado un mercadito informal en las inmediaciones del Mercado de Mayoreo, en el este de Managua, es el mismo que se ha usado para reprimir las protestas políticas opositoras y de la sociedad civil contra los fraudes electorales, los campamentos juveniles frente al Consejo Supremo Electoral instalados para demandar elecciones libres y limpias, la solidaridad de los jóvenes de clase media con los adultos mayores desvalidos en su demanda de pensión reducida, las protestas contra la empresa MPeso por las fallas en el sistema de pago de los pasajes del transporte colectivo urbano por medio de tarjetas electrónicas, etc.
En realidad, el rasgo común de la represión orteguista es que la ejecutan grupos de individuos encapuchados, quienes por lo general exhiben camisetas con símbolos políticos oficialistas. Hasta ahora la Policía no ha ejercido directamente la función represiva, salvo en esporádicas ocasiones, pero lo ha hecho de manera indirecta, facilitando a los matones la realización de su trabajo sucio, ausentándose o permaneciendo indiferente cuando los ciudadanos son agredidos y faltando a su obligación legal y moral de proteger a las víctimas.
Sin embargo, hay una diferencia que es esencial, en el caso de la represión a los pequeños comerciante con respecto a las acciones represivas contra los grupos opositores políticos y de la sociedad civil. Esta diferencia consiste en que los comerciantes informales no son opositores, más bien son partidarios del Gobierno. Incluso ellos le pusieron a su mercadito informal el nombre del extinto dictador venezolano, Hugo Chávez, para agradar a Daniel Ortega y tener su apoyo. Por eso es que, según sus declaraciones públicas, pudieron identificar entre sus agresores a miembros de la fuerza de choque llamada Juventud Sandinista que ellos conocen.
De allí que a raíz de este incidente muchas personas se pregunten: ¿Por qué los matones orteguistas han reprimido a los pequeños comerciantes informales del desaparecido mercadito Hugo Chávez, con la misma saña que emplean contra los grupos opositores, a pesar de que son simpatizantes del orteguismo gobernante?
La respuesta es sencilla. Es que en la práctica fascista del poder —y no hay que perder de vista que el procedimiento orteguista de reprimir mediante acciones brutales de matones encapuchados y armados es típicamente fascista—, el garrote represivo no hace diferencia entre adversarios y partidarios cuando se trata de sofocar o de impedir protestas de cualquier clase, que no sean las provocadas y avaladas por el régimen establecido. Es obvio que los pequeños comerciantes se salieron de la raya trazada por el poder, al no acatar la decisión superior de que debían desmontar sin condiciones el mercadito improvisado. Por eso les cayó encima la represión sin considerar que son o han sido partidarios de Daniel Ortega.
Cabe recordar que en los Estados totalitarios desaparecidos y actuales, gran parte de las personas reprimidas han sido partidarias e incluso dirigentes del partido fascista o comunista en el poder. Por mencionar un caso actual, en las cárceles de Venezuela se pudren en vida muchos antiguos seguidores y colaboradores de Hugo Chávez y su socialismo del siglo XXI.
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