Patricia Clarembaux/AFP
Al salir de un mercado de Caracas, Marcela refunfuña con su esposo por lo costosa que salió la compra. “¡Ya no sé cómo estirar el sueldo!”, se queja al referirse a la inflación. La cuenta subía y subía, y Marcela, sacó de su compra un kilo de pescado, dos jugos y un kilo de carne. “A ver si así me alcanza el dinero. Todas las semanas sale más caro”, dice la ama de casa de 40 años que pidió no revelar su apellido.
Manfred Cubas, chef de “La Tasca de Juancho”, concurrido restaurante peruano de Caracas, ha aumentado en un treinta por ciento los precios en 2013, y aún así, dice, su ganancia se ve reducida, pues la carestía es mayor y algunos de los ingredientes escasean.
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La inflación anualizada alcanzó el 49.4 por ciento en septiembre, según cifras oficiales, y el Gobierno, que el martes admitió las “perturbaciones” derivadas de ese incremento aspira a reducirla en 2014 a entre 26 y 28 por ciento, meta que la oposición consideró “subestimada”. Las autoridades habían estimado la inflación para 2013 en un rango de 14 a 16 por ciento, un tercio del acumulado en 12 meses a septiembre.
Venezuela registra un índice de escasez de alimentos y productos básicos de 21 por ciento para septiembre por el Banco Central. Analistas atribuyen esta escasez a la baja en la producción nacional y a las importaciones, producto de un férreo control cambiario que rige desde 2003 y en el que el dólar se cotiza en 6.30 al cambio oficial, y que septuplica esa tasa en el mercado negro.
Los empresarios se han quejado de que en 2013 se han limitando las divisas que entrega el Gobierno a sectores productivos, que requieren de insumos importados, lo que también se ha traducido en el alza de precios, principalmente de alimentos.
El Gobierno, que achaca la escasez a una supuesta “guerra económica” de empresarios ligados a la oposición, ha realizado millonarias compras de alimentos a Nicaragua, Brasil, Colombia, Bolivia y Uruguay para abastecer un mercado en el que cíclicamente falta azúcar, café, leche, aceite, harina o papel higiénico. “Entre que no consigues las cosas y que si las consigues están carísimas y tienes que hacer largas colas para comprarlas, uno no sabe qué hacer”, dice Marcela. “Este país está imposible”, concluyó.
“YA ESTAMOS DEVALUADOS”
Mientras analistas auguran una nueva devaluación tras las elecciones municipales del 8 de diciembre —la primera en febrero llevó de 4.29 a 6.3 bolívares por dólar—, Marta Colmenares, empleada gubernamental, dice vivirla a diario. “No me hace falta el anuncio del presidente o de un ministro. Ya estamos devaluados”, dice.
El presidente Nicolás Maduro —que ha rechazado una nueva devaluación— acudió al Parlamento para solicitar superpoderes económicos y reconoció que el país “atraviesa una coyuntura especial”, que sería resultado, dice, de una ofensiva del sector privado y la oposición como parte de lo que denomina “plan colapso total” contra su gestión.
Para el economista Richard Obuchi una nueva devaluación generaría “un mayor impacto inflacionario” y pondría a los venezolanos “en aprietos económicos”.
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