Lucydalia Baca Castellón
La producción de frijol, yuca, maíz, pitahaya, tomate y chiltoma que Juan Carlos Mora obtiene de su parcela le garantiza una adecuada alimentación para su familia y el excedente le permite obtener recursos para cubrir otros gastos. Eso lo ha logrado al adoptar un modelo productivo que reduce hasta en un 75 por ciento sus costos de producción.
“En cuanto a rendimientos mi parcela no se diferencia con la de mis vecinos, pero el impacto visual y los costos de producción son otra cosa; ahí sí hay una gran diferencia como del cielo a la tierra”, asegura Mora.
En su parcela “hay vida, hay biodiversidad, se conserva el suelo, porque no uso agroquímicos, la manejo con prácticas agroecológicas y orgánicas. Y al no usar estos productos, que son carísimos, mis costos de producción se reducen considerablemente”, indica Mora, productor residente de la comunidad La Unión, de Santa Teresa, Carazo.
Se estima que en promedio en esa zona de Carazo cultivar una manzana de frijol de manera tradicional cuesta unos 8,000 córdobas, mientras que hacerlo bajo el modelo agroecológico y orgánico cuesta únicamente unos 2,000 córdobas. En ambos casos, un manejo adecuado garantiza rendimientos de unos veinte quintales por manzana.
NO USAN AGROQUÍMICOS
Para Mora eso significa “casi no tener que sacar dinero del bolsillo”, porque la mayor inversión es en mano de obra, ya que todos los insumos se obtienen de la misma parcela.
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“El país tiene muchos años de estar fomentando sistemas agroecológicos y orgánicos, por tanto era necesaria una ley que reconociera el valor y la validez de estos modelos que a diferencia de los modelos tradicionales no usan agroquímicos y que dan buenos resultados a las familias que los están implementando”, señala Aguirre.
Entre los avances que ha propiciado la ley, Aguirre señala los cambios dentro de instituciones estatales como el Ministerio Agropecuario y Forestal (Magfor) y el Instituto Nicaragüense de Tecnología Agropecuaria (INTA) que por primera vez en la historia del país reconocen que este modelo es sostenible, por lo que debe ser rescatado y multiplicado en todo el país.
Además, en su artículo 18 indica que el Banco Produzcamos otorgará créditos para la producción agroecológica u orgánica, dándole “especial atención y prioridad”.
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Mora es parte del 16 por ciento de los productores del país —en su gran mayoría pequeños— quienes producen para el autoconsumo, a los que el vaivén del precio de los productos agropecuarios y de los agroquímicos que se utilizan para producirlos no los mantiene agobiados, ni pone en riesgo la seguridad alimentaria de sus familias porque han adoptado las prácticas agroecológicas y orgánicas.
El modelo consiste en la implementación de técnicas agrícolas tradicionales mezcladas con otras novedosas, que eliminan por completo el uso de agroquímicos y los sustituyen por productos orgánicos.
Este sistema productivo utiliza abonos orgánicos, producidos con hojarascas, desperdicios de cosecha como granza, semolina, cáscaras, melaza, chicha de maíz y también estiércol de animales. Además no requiere de semillas mejoradas o certificadas para garantizar buenos rendimientos, sino que utiliza semillas criollas y acriolladas.
También se usan abonos verdes, que son plantas que en la mayoría de los casos pertenecen a las leguminosas y se producen en la misma parcela, que ayudan al control de las malezas, y sistemas agroforestales, que son bosques productivos enriquecidos con cultivos, detalla Luis Orlando Valverde Luna, enlace nacional del Movimiento de Productoras y Productores Agroecológicos y Orgánicos de Nicaragua (Maonic).
Maonic aglutina a 160 organizaciones integradas por productores de café, granos básicos, hortalizas, cacao, frutas y ganaderos.
Para elevar la mineralización de los abonos, especialmente los que utilizan para la parte foliar y mejorar la calidad de los suelos, combinan elementos de origen animal como el estiércol con otros de origen vegetal como la harina de roca, que es autorizada en la norma orgánica europea. Eso mejora los rendimientos y eleva la calidad, explica Valverde.
La disciplina en la elaboración de los productos así como en la aplicación también es fundamental para lograr los resultados esperados.
RENTABLE, PERO NO ATRACTIVO
A pesar de los beneficios económicos que ofrece el modelo al productor y de los beneficios ambientales que genera al país, Valverde reconoce que “únicamente entre el ocho y nueve por ciento de la producción nacional está ubicado entre la producción que se certifica como orgánica, aunque solo entre el 2.5 y 3 por ciento cuenta con una certificación internacional, y entre el seis y siete por ciento de los productores está dentro de la producción agroecológica, que no tiene certificación internacional”.
Según el IV Censo Nacional Agropecuario (Cenagro 2011) en el país 200,428 hombres y 60,893 mujeres se dedican a las actividades agropecuarias para un total de 261,321 productores. Casi la mitad posee menos de cinco manzanas de tierra.
El Maonic atribuye la poca acogida del modelo a la cultura que a nivel mundial ha establecido la industria de agroquímicos, que ha hecho creer a los productores que el uso de estos productos es la única alternativa para la producción agropecuaria.
“Cuando la verdad es que esa publicidad esconde los riesgos que provoca el uso de agroquímicos sintéticos, que son lacerantes a la vida natural y el equilibrio ecológico de los organismos y minerales del suelo y que con el tiempo se ha visto que van sacando otros productos para solucionar los problemas que van dejando los anteriores”, sostiene Valverde.
NO ES PARA CULTIVOS EXTENSIVOS
No obstante, el movimiento reconoce que el modelo agroecológico y orgánico es exclusivo para el pequeño productor, especialmente el de autoconsumo, al que el modelo le garantiza alimentos saludables.
Este sistema no es para cultivos extensivos, los que definitivamente dependen del uso de agroquímicos, ya que no es posible tratar grandes extensiones de cultivos con estas prácticas.
En cuanto a la baja productividad que afecta al sector productivo, Maonic también reconoce que al adoptar este método no es en el corto plazo que los productores mejorarán sus rendimientos y con ellos la seguridad alimentaria. Según Valverde, cultivos temporales pueden requerir hasta un ciclo productivo para comenzar a mostrar cambios, mientras que otros permanentes como el café requieren de hasta tres años.
Aunque muchos de los productos den origen orgánico, principalmente los de exportación como el café y la miel de abejas, logran precios por encima de los que establece el mercado internacional, Valverde considera que no es el aliciente económico el que debe estimular al productor a adoptar esta alternativa.
Maonic desarrolla una campaña para hacer conciencia entre los productores, de que el principal estímulo para adoptar este modelo productivo debe ser la búsqueda de la seguridad alimentaria de sus familias y comunidades, y no obtener mejores precios para sus productos, porque estos dependerán siempre de la oferta y demanda en los mercados internacionales.
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