Fernando Bárcenas
El Instituto Nacional de Seguridad Social (INSS) está quebrado. Necesita una reforma, pero la información indispensable la oculta este Gobierno, que conspira en la sombra. Callan incluso aquellos datos que pueden obtenerse al proyectar los cambios en la pirámide de población, y que produce un problema actuarial de la seguridad social.
Una población en edad de jubilación que crece desproporcionadamente, frente a una juventud en capacidad de trabajar que disminuye aceleradamente. De modo que la relación entre ambos sectores poblacionales hace que diez cotizantes jóvenes sostengan a un anciano jubilado en 2010, mientras, en 2050 solo se dispondrá de tres jóvenes para sostener a un anciano. He aquí el dilema fundamental.
Si no se adopta ahora alguna medida radical de productividad económica excepcional, el ahorro colectivo bajo la forma de cotización al INSS en el periodo laboral será inferior al costo de la jubilación del conjunto de pensionados en edad de retiro.
La crisis del INSS es la parte urgentemente visible de la crisis más profunda de la sociedad. El problema del INSS son los bajos salarios, la carencia de empleos formales calificados, la baja productividad de la economía, las excesivas exoneraciones y evasiones fiscales, la corrupción y el saqueo del ahorro solidario de los trabajadores.
Se requiere una estrategia de cambio radical de la estructura productiva en el país (que no es posible con corrupción gubernamental y con privilegios a la baja productividad especulativa), a fin de incrementar en más de 440 por ciento el PIB por persona empleada en los próximos 30 años.
¿Cómo responde el Gobierno a esta amenaza contra la seguridad social?
En este caso, la montaña ha parido un ratón. El Gobierno elude una reforma a la Ley 539 actual. Y con absoluta irresponsabilidad presenta una propuesta miserable de siete medidas, basadas en una austeridad inhumana para los trabajadores pensionados.
Después de la entrega de la soberanía, en el contrato que Ortega ha firmado con Wang Jing, ¿qué vergüenza mayor faltaba a Ortega, que mostrarse abiertamente contra los derechos de los trabajadores?
Este Gobierno, por confesión propia, hereda bancarrotas y crisis estratégicas. El asesor económico de la presidencia, como un pirata escapa a cielo abierto del barco en peligro, sin permitir que los marineros con mayor imaginación y coraje tomen el timón, declara sin pudor que las medidas no van más allá del corto plazo. Para él se trata de tirar hacia adelante el problema (como si el colapso del INSS no ameritase más que medidas puramente administrativas, y el Estado no fuese un instrumento para trazar políticas estratégicas). Desvergonzadamente dice: “Los que nazcan hoy, en 2034 tendrán mejores ideas para lidiar con el problema del INSS”.
La cuota patronal no es más que salario diferido de los trabajadores. El INSS debe pasar íntegramente bajo control obrero. No de la aristocracia sindical oficialista, sino, de delegados de fábricas (con un ahorro sustancial en gastos administrativos y despilfarros).
Actualmente, la cuota patronal produce cuatro veces más ingresos que la cuota laboral. Las medidas propuestas por el Gobierno producen el siguiente cambio: habrá un ahorro de 134 mil millones de córdobas, al 2034, sustraído a las pensiones, ya que en lugar que las pensiones crezcan 2.55 veces en ocho años, estas crecerán 0.4 veces en el mismo período, como efecto de utilizar como coeficiente de expansión el incremento del salario medio, en lugar de usar el incremento del salario mínimo (como se hace actualmente).
Este ahorro fraudulento, tomado de los pensionistas, como medida de austeridad extrema, será cuatro veces superior a la nueva cuota patronal (que incluye un aporte adicional de 3 %). En consecuencia, el nivel de vida de los pensionados será 2.15 veces más miserable que el actual.
Las pensiones que en 2010 cubren 14.6 años de promedio de vida del pensionado, deberán cubrir, en 2050, un promedio de vida del jubilado de 19.2 años. Del análisis del INSS, se concluye que la tarea insoslayable es la de aprovechar el ahorro obtenido por la reducción de la tasa de natalidad, para invertirlo en productividad económica, a fin que el rendimiento relativo de los tres jóvenes cotizantes por cada anciano sea lo suficientemente valioso para soportar la carga en 2050 (por lo menos, 4.3 veces más pesada que ahora para el cotizante promedio). En consecuencia, un trabajador promedio que hoy produce US$2,500 al año, deberá producir, cuando menos, US$12,500. El autor es ingeniero eléctrico.