El socialismo real del siglo pasado y el socialismo del siglo XXI que es su nueva denominación, deberían ser definidos como el arte de destruir un país de manera sistemática y despiadada. Por supuesto que no nos referimos a la definición del arte como actividad humana dedicada a la creación de cosas bellas, mediante fantasías e imitación de la realidad, sino a la acepción de la palabra arte como habilidad, disposición o aptitud para hacer algo. Y en este caso, aplicada al socialismo real del siglo pasado y al socialismo chavista del siglo XXI, es la capacidad de arrasar un país con malévola perfección.
Los izquierdistas autoritarios son obstinados y no quieren o no pueden aprender de sus propias experiencias desastrosas. Ni aprenden tampoco de las experiencias de antiguos países comunistas ortodoxos, como China y Vietnam, que solo pudieron crecer y prosperar hasta que renegaron del dogma económico comunista y abrieron el camino a la economía capitalista, aunque conservando el régimen político totalitario.
En América Latina, pero en Venezuela con mayor intensidad, los nuevos y viejos extremistas de izquierda insisten en imponer un régimen socialista autoritario, que es inviable porque es un sistema que atenta contra la naturaleza humana y, por lo tanto, donde se imponga estará siempre condenado al fracaso; como fracasó en Cuba y de hecho también en la misma Venezuela, donde el socialismo del siglo XXI ha causado un caos y su derrumbe parece ser solo cuestión de tiempo.
En efecto, la situación de Venezuela ha llegado a tal grado de descomposición que pareciera estar al borde de un nuevo “Caracazo”, como se le llamó para la historia al estallido de violencia callejera por motivos económicos y sociales, que ocurrió en Caracas en febrero de 1989 causando una gran destrucción material y la muerte de entre 300 a 3,500 personas según las diversas fuentes.
En Venezuela incluso los medios chavistas consideran que el país está a orillas de un estallido social. Todavía “es tiempo de evitar un segundo 27 de febrero (día en el cual comenzó el Caracazo), dijo recientemente la revista electrónica chavista Aporrea, que es algo así como El 19 del régimen orteguista en Nicaragua. Es que los signos de un nuevo Caracazo se están viendo por doquier. En Caracas un camión cargado de carne se estrelló y fue saqueado por una multitud. En Valencia camiones cargados con cervezas y gaseosas fueron asaltados y saqueados por gente desesperada. En el municipio de Bolívar dos mujeres pelearon ferozmente por un paquete de harina, y una de ellas, con un embarazo de seis meses, perdió a su bebé. El desabastecimiento de aceite, carne, frijoles, queso, harina, leche, margarina y otros productos básicos, es desesperante. Hasta un cincuenta por ciento de los hospitales ha cerrado por razones “técnicas” y al menos la mitad del transporte colectivo, se encuentra paralizado por falta de mantenimiento.
El socialismo del siglo 21 es un absoluto fracaso. Pero Nicolás Maduro pretende resolver la crisis haciendo más de lo mismo que la ha provocado, es decir, socializando más empresas privadas, militarizando los supermercados y culpando a Estados Unidos de todas las desgracias que él mismo y sus camarada chavistas han creado, de manera deliberada, aferrados tercamente a un proyecto revolucionario que es inviable por ser irracional.
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A