Adolfo José Acevedo Vogl
Economista
El crecimiento económico es en gran parte resultado de la mejora de la eficiencia en el uso de los recursos disponibles, a través de la reasignación de fuerza de trabajo hacia actividades sujetas a economías de escala, así como la utilización más completa de la fuerza de trabajo subempleada en algunas ramas de producción, particularmente la agricultura. El crecimiento económico es, por definición, el resultado del crecimiento del empleo y de la productividad. La aceleración del crecimiento económico implica el crecimiento simultáneo, a lo largo del tiempo, de la fuerza de trabajo ocupada y de su productividad promedio.
Si el número de trabajadores ocupados crece, pero lo hace fundamentalmente en empleos de baja productividad, entonces la productividad media crecerá poco o incluso podría declinar, y el crecimiento económico será mediocre.
Para acelerar el crecimiento, es preciso que la economía desarrolle cada vez más actividades dinámicas, caracterizadas por una elevada elasticidad ingreso de la demanda, rendimientos crecientes y que desarrollen una elevada densidad de encadenamientos y complementariedades con otros sectores.
Si se observan con detenimiento, estos son los mismos criterios que guiaron a los diseñadores de políticas de desarrollo en los países del Sudeste Asiático para seleccionar los sectores y actividades que consideraban que debían promover y apoyar mediante toda la batería de instrumentos a su alcance. La combinación de protección y subsidios a la exportación, característica de estos países, apuntó a incentivar, promover y proteger a aquellos sectores internacionalmente transables capaces de desarrollar rendimientos crecientes a nivel microeconómico y mesoeconómico.
Pero, a diferencia de lo ocurrido en América Latina, estos incentivos eran temporales y estaban estrictamente condicionados al cumplimiento de indicadores y metas de desempeño. Pero en esos países se impulsó activamente un fuerte proceso de aprendizaje tecnológico, que avanzó desde aprender a dominar tecnologías importadas, hasta el desarrollo de capacidades propias de innovación.
En todo esto, el dinamismo de la demanda interna y externa es fundamental, pues permite el dinamismo de los sectores sujetos a rendimientos crecientes y promueve una tasa más alta de crecimiento económico y un mayor nivel de inversión, por la vía del efecto acelerador.
A su vez, la aceleración del crecimiento económico permite un incremento en la productividad a través de los efectos de Kaldor-Verdoon, debido a que la expansión de la demanda (interna y externa) y del producto generan procesos de aprendizaje en la producción (learning by doing) que aumentan productividad.
Esta tiende a aumentar también debido a los retornos crecientes derivados del aprovechamiento de economías de escala y de la acumulación de experiencia y aprendizaje, la que incrementa el acervo de habilidades.
Si la demanda de bienes y servicios de los sectores más modernos no es lo suficientemente dinámica, la creciente productividad de estos limitará su creación de empleos y fracasarán en absorber el enorme ejército de fuerza de trabajo subempleada, de manera que gran parte del empleo seguirá siendo generado por parte de actividades de baja productividad.
Bajo condiciones favorables de demanda, el incremento de la productividad se vería magnificado además por las crecientes interconexiones y encadenamientos internos de oferta y demanda, que facilitarían la difusión del progreso técnico al conjunto del sistema económico y el surgimiento de las externalidades que dan origen a las economías de escalas dinámicas. El crecimiento de la productividad será así la resultante, por un lado, del incremento en la productividad propia de los sectores dinámicos que se están impulsando y de sus externalidades y efectos de derrama, y de aquellos que se estarían modernizando e intensificando como la agricultura, en la medida en que en ellos existe un amplio margen para mejorar la productividad por esta vía.
Este proceso de reasignación de la fuerza de trabajo adquiere importancia especial en nuestros países, en los que gran parte de la fuerza de trabajo encuentra ocupación en sectores y actividades de muy baja productividad, y en donde, por consiguiente, existe un extenso margen para obtener incrementos importantes en la productividad promedio de la economía mediante la reasignación de dicha fuerza de trabajo hacia sectores de mayor productividad.
Debe entenderse que el incremento de la productividad debe ser un proceso de carácter sistémico. Si los incrementos en la productividad se concentran en algunos polos aislados, la productividad promedio y de la economía como un todo no experimentará grandes cambios, y seguirá siendo baja.