Para los que seguimos desde el exterior el diario acontecer nicaragüense, no fue ninguna sorpresa el pacto que oficializaron el pasado 4 de septiembre el señor Daniel Ortega y la cúpula del Cosep encabezada por Carlos Pellas y José Adán Aguerri. En sencillas palabras Ortega les dijo: “Déjenme gobernar el país a mi gusto y antojo y ustedes dedíquense a hacer dinero”. Esto mismo ocurría durante la larga noche oscura de la dictadura somocista, hasta que los del Cosep se dieron cuenta que la ambición del tirano era ilimitada y que estaban perdiendo no solo de ganar más dinero del que recibían, sino hasta el respeto de sus hijos que hastiados de tanto cuchubaleo, algunos tomaron el camino de la montaña convirtiéndose en guerrilleros para luchar en contra del orden establecido. Pero está escrito que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, tal como lo está haciendo el Cosep en las presentes circunstancias.
Lo que sí sorprende de este operativo es la actitud camaleónica del comandante Ortega que después de haber hecho profesión de fe marxista-leninista y ser fuerte militante de la izquierda revolucionaria, ahora que tiene plata y presume de burgués, se nos presenta de cuerpo entero como fascista siguiendo los pasos de Mussolini al pretender, junto con el Cosep, instaurar en el país el fracasado y ultraderechista Estado Corporativo. Esto nos demuestra, una vez más, que los extremos se tocan y que tanto para el señor Ortega como para el Cosep “el fin justifica los medios”, pues es obvio que al primero lo que le interesa es consolidar y aumentar el poder que tiene y a los otros ganar más dinero a costa del sudor de los trabajadores, no importa si para esto hay que aplastar las libertades públicas y los derechos fundamentales que han venido siendo conculcados al sufrido pueblo nicaragüense. No dudamos que el precio que está pagando el Cosep por su libertad e independencia es muy caro, porque al fin y al cabo, si no demuestra en la praxis su voluntad de autodeterminación, siempre terminará por acatar la voluntad del dictador.
Lo grave de esta situación es que por ingenuidad o mala fe, el Cosep no ha logrado comprender que “por unos dólares más” está contribuyendo a fortalecer una dictadura que más adelante los va a triturar a ellos mismos, pues ya sabemos que los dictadores nunca terminan de saciarse hasta lograr su máxima ambición: el poder totalitario. Muchos en el exterior nos estamos preguntando: ¿Cómo es posible que el señor Carlos Pellas que estudió en la patria de Jefferson, Madison y Lincoln; que sabe quién es Montesquieu y lo que preconizó; y que sufrió en carne propia los desmanes de la dictadura orteguista en la década de los ochenta, nos venga ahora con el cuento de la “Sociedad Abierta”? ¿Acaso ignora él que el inconstitucional gobierno del señor Ortega es producto de un descarado fraude y que en reiteradas ocasiones ha violado la Constitución y las leyes de la República, en flagrante delito de lesa patria? ¿Es que la Responsabilidad Social que él pregona en los foros empresariales se limita a garantizar su parte en la cuota del azúcar, del ron y de otros pingües negocios de los que él es uno de los principales beneficiados? ¿Es ese el ejemplo que la clase empresarial nicaragüense le está dando a nuestra juventud que como Martin Luther King tiene también su propio sueño de vivir en libertad y democracia? El señor Pellas debería reflexionar sobre lo que sentencia José Ingenieros en su inmortal obra El hombre mediocre cuando expresa: “Suprema es la indignidad de los que adulan teniendo fortuna”. Y le aclaramos al señor Pellas que la libertad de expresión no es un regalo de los gobernantes, sino que es un derecho conquistado por nuestro pueblo con el valor, con el sacrificio y con la sangre de nuestros mártires como el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal y otros, que por estos principios ofrendaron sus vidas demostrando así desinteresadamente su inconmensurable amor por Nicaragua.
El Cosep en vez de estar sometido al entramado del señor Ortega debería de hacer uso de su valiosa influencia, con dignidad y decoro, para que hayan verdaderas elecciones libres en Nicaragua con un nuevo Consejo Supremo Electoral que garantice el respeto a la voluntad popular y la legitimidad de los futuros gobernantes. Podría hacer esto y muchas cosas más, si sus dirigentes en vez de prosternarse sumisamente ante el dictador de turno, levantaran la cabeza con elevadas miras y pensaran más en la Nicaragua del presente y del futuro. Estoy seguro de que esto sería de mayor beneficio para ellos mismos y para las futuras generaciones de nicaragüenses.
El autor es periodista y Secretario General de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).
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