Cartas al Director

Entre la dignidad y el dinero

Lamentables y desafortunadas, por decir lo menos, me parecieron las declaraciones del señor Carlos Pellas, empresario de gran influencia y prestigio, quien en el pasado se ha distinguido por sus comentarios y declaraciones ponderadas, ecuánimes y hasta esperanzadoras, no solo para el tinglado empresarial, sino también para otros sectores de la sociedad.

El señor Pellas dijo el pasado 4 de septiembre, durante el cuarto encuentro entre el inconstitucional presidente Daniel Ortega y la cúpula del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep): “¿Que si yo creo que hay una democracia? Bueno, hay unas elecciones, las elecciones determinan claramente quién es el ganador. Hasta la fecha se ha manejado de esa forma y yo creo que obviamente los nicaragüenses van a la votación y se elige el ganador”.

El señor Pellas ha cerrado los ojos y ha puesto oídos sordos al clamor cada vez más desesperado de un pueblo que ve cómo se cometen violaciones a la Constitución Política de la República, el manoseo de las leyes, de muertos en El Carrizo, de jóvenes vapuleados por turbas orteguistas en contubernio con la Policía, de cuatro fraudes electorales continuos, del asalto a los jóvenes en el INSS, solo para mencionar algunos casos.

Este distinguido personaje expresó en una entrevista al Diario LA PRENSA, que lo más importante en su vida ha sido “nunca perder el norte. Y ese norte te lo dan los valores y principios con los que has sido formado y que has desarrollado a lo largo de tu vida. Uno debe contar con una receta de los negocios en los cuales se debe involucrar y en aquellos en que no, por muy lucrativos que parezcan” (LA PRENSA, 2 de mayo 2012).

Sin embargo, don Carlos Pellas parece haber perdido la brújula y aparentemente están pesando más los intereses creados y la receta ya no funciona o ha sido cambiada. Ya no importan los fraudes, los muertos ni la falta de institucionalidad, ya no importan los valores ni la moral, solo importan los dineros llenando los bolsillos y por ello se ha de trastocar la realidad y hablar de una democracia sui géneris, de un país “abierto”.

Cuenta la historia que el persa Jerjes, al ir a invadir a los griegos, pidió consejo a uno de sus allegados. Este le contó que eran hombres que amaban la libertad, que preferirían morir antes que entregarse al dominio del imperio persa, que entre ellos era costumbre otorgar una corona de laureles a los vencedores en sus juegos llamados olímpicos. Otro de los allegados a Jerjes se burló del premio y dijo preferir el oro y la plata en vez de libertad, honor y gloria, lo cual fue reprendido por Jerjes, quien intuía en ello el principio de una tenaz resistencia como en efecto sucedió.

Sin temor a equivocarme, estoy seguro que el pueblo prefiere la institucionalidad, la libertad y su propia dignidad a jugosos negocios de mercaderes que han perdido el norte.

Carlos J. Tellería.

¿Qué pasa con el Parlacen?

La gente se pregunta y con razón, ¿qué pasa con el Parlamento de Centro América que sesiona en Guatemala? Al menos en asuntos de expeditar el paso por nuestras fronteras parece ir para atrás.

Vemos en la historia que hace cien años era más fácil transitar en esas fronteras, ahora con tanta burocracia y gasto en presupuesto se ha hecho más difícil. Los turistas que vienen por automóvil se quejan que en las fronteras les atrasan por horas y les dan trato descortés.

Reconocen que las carreteras por Nicaragua son las mejores de Centroamérica, pero la burocracia en las fronteras le arruina el viaje.

Me decía un profesor universitario hondureño que de Choluteca a Matagalpa tomaría solamente cuatro horas de manejo, sin embargo, por el atraso de las fronteras toma el doble de tiempo.

Otro académico me contó que traía libros de donación para el Simposio sobre Rubén Darío en la ciudad de León, Y ¿saben qué? pues le cobraron impuestos ¡por esos libros! ¡Habrase visto! ¿Quién podrá defendernos? ¿Alguien escucha por allí, alguno de nuestros diputados?

Eddy Kühl.

Sí a la paz, y no a la guerra

En nuestros escenarios geográficos no podemos desvirtuar la dignidad de este pueblo bendito por Dios, de esta Patria que el héroe por excelencia don Rubén Darío la soñara grande y que la unificó con luz y armonía.

Defendamos nuestra soberanía, nuestra hermosa tierra de lagos y volcanes de los que quieren sembrar vientos funestos en nuestra fronteras, con el instrumento de las palabras y la fuerza de las misma y nuestra ingeniería militar que improvisara el General Sandino, la antorcha de Mongalo, la piedra certera de Andrés Castro y las sabanas encendidas de la heroína Rafaela Herrera serán nuestros fantasmas en la oscuridad de un conflicto.

El instrumento de las palabras y la fuerza de la misma harán que ellos con su planta extranjera cosechen las tempestades. La sed de sangre es la causa de la guerra y la ambrosía del espíritu es la paz, estemos persuadidos ante cualquier abuso limítrofe en nuestros mares. La Patria ha alcanzado ya la victoria, en este minoico juicio de la historia.

Glorioso, glorioso río San Juan, es como la marimba sonando un son nica enamorando a nuestra Bandera Nacional que flamea irradiando soberanía y libertad en el castillo.

Leonel Lacayo Maliaño. Rivas.

A propósito de héroes

Hace 87 años, allá por 1926, se generó una intensa polémica acerca de las virtudes heroicas del general José Dolores Estrada, en la Batalla de San Jacinto, en la mañana del 14 de septiembre de 1856.

Reputados intelectuales de esa época como don Sofonías Salvatierra, don Luis Alberto Cabrales y el doctor José Ángel Rodríguez, cuestionan de manera tajante la actitud patriótica del general Estrada y no solo eso, sino su capacidad militar. Según ellos, el general Estrada en dicha batalla dio muestras de una cortedad táctica que casi echa a perder el triunfo de las fuerzas nacionales, y que fueron sus oficiales: Eva, Vélez, Marenco, Castro y el después el general Patricio Centeno, los que salvaron la situación, la que se perfilaba sumamente desastrosa.

Pero la actitud que Salvatierra define como “facciosa y de bandería” por parte de Estrada, fue cuando este entra en Masaya y conoce del pacto entre legitimistas y democráticos rubricados por Jerez y Martínez. Al instante Estrada iracundo acusa de traidor al general Martínez, su jefe y lo amenaza con disolver su tropa. Toda esta iracundia Estrada la lleva a cabo enfrente de los ejércitos aliados, poniendo en peligro la unidad centroamericana en contra de Walker.

Al parecer, hasta ese momento Estrada no tiene el concepto patriótico de la guerra nacional, él empuña las armas como soldado legitimista que es, no como el patriota que debió ser, según Cabrales, citando testimonio de los capitanes Mendoza, Sobalvarro y del general Vélez, todos ellos combatientes de San Jacinto. Fue el general Patricio Centeno quien dio la orden “de picar la retaguardia al filibustero” y así salvó la situación. Citando más adelante las notas del general Centeno, este no tiene reservas al señalar la injusticia y dice: “Que a Estrada le quiten la corona que le han ceñido… dándole, al que no merece la gracia”.

“Por moralidad política, por simple justicia, su nombre debe ser borrado de la lista de los héroes. Que sea el primer ídolo que caiga… y que no sea el último, si por acaso hay otro que merezca la caída”, sentenció Cabrales. Iconoclasta como soy, pienso que sería bueno que nuestros historiadores aclaren la controversia para dejar de adorar a tantos santones laicos con que han atiborrado al panteón nacional.

Pavel Molina Cruz.

Error en artículo sobre Chile

En el artículo del doctor Emilio Álvarez Montalván, publicado en la edición del pasado miércoles 18 de septiembre bajo el título: Chile, una loca geografía y una política sensata, se dijo “ la República de Chile cumple los 103 años de mancipación”, siendo lo correcto que “la República de Chile cumple los 203 años de su emancipación.”

Ofrecemos las debidas disculpas a nuestros lectores.

El editor.

COMENTARIOS

  1. lector
    Hace 13 años

    A proposito de heroes. Buen reto a los historiadores.

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