Editorial: Señales bélicas en el Caribe
La presentación del presidente colombiano Juan Manuel Santos en una fragata de la Armada de Colombia, para enviar su más reciente mensaje sobre la disputa con Nicaragua por las fronteras marítimas y la extensión de la plataforma continental en el mar Caribe, ha sido interpretada como una clara señal de amenaza bélica.
Según informó la agencia de prensa española Efe, el presidente de Colombia “elevó el tono en el litigio de su país con Nicaragua por la delimitación marítima, al afirmar desde una fragata en el Caribe que defenderá ‘con toda vehemencia, con toda contundencia’, la plataforma continental que reclama esa nación centroamericana”.
La fragata, desde la cual el presidente colombiano habló flanqueado por el ministro de Defensa y jefes de las Fuerzas Armadas de Colombia, se encontraba en las cercanías del meridiano 82, en aguas que son indiscutiblemente nicaragüenses desde la sentencia de la Corte Internacional de Justicia del 19 de noviembre de 2012. De manera que la desafiante actitud del presidente Santos se puede interpretar como un anuncio de que está dispuesto, incluso, a recurrir a la fuerza militar.
Pero también por el lado de Nicaragua ha habido señales sobre la posibilidad de un conflicto bélico con Colombia. Los jefes militares nicaragüenses han asegurado que el Ejército está listo para defender la zona del Caribe que le fue reconocida al país por la sentencia de La Haya, y que no se negociará ni una sola gota de esas aguas. Y el presidente inconstitucional Daniel Ortega, advirtió en la celebración de este año del Día del Ejército que la inferioridad de fuerza militar de Nicaragua con respecto a Colombia, se compensa con la superioridad moral de la institución armada nicaragüense que se deriva de su origen revolucionario y su formación sandinista.
En realidad, según datos de organismos internacionales que monitorean la situación militar en el mundo, Colombia tiene una fuerza armada permanente de más o menos 485 mil efectivos, más 750 mil en reserva y unos 25 mil miembros de fuerzas paramilitares; mientras que el Ejército de Nicaragua tiene apenas 12 mil efectivos permanentes, sin fuerzas de reserva ni paramilitares.
La diferencia es abismal, sin duda. Sin embargo, además de la supuesta superioridad moral del Ejército nicaragüense que según Daniel Ortega compensa su inferioridad numérica con respecto a las Fuerzas Armadas de Colombia, se supone que en un conflicto bélico Nicaragua sería respaldado por sus aliados del Alba: Venezuela, que tiene 356,577 efectivos militares permanentes, más 787,000 reservistas y 50 mil paramilitares; Ecuador, con 67,776 combatientes permanentes, 18 mil reservistas y 400 mil paramilitares; Cuba, 50 mil efectivos militares permanentes, más 600 mil reservistas y 30,500 paramilitares; y Bolivia, con 46,100 militares permanentes y 37,100 paramilitares. O sea que en el caso de un conflicto militar de Nicaragua con Colombia, este tendría que enfrentarse no solo a los 12 mil efectivos del Ejército nicaragüense, sino también a más de medio millón de miembros de los ejércitos aliados del Alba, más casi un millón y medio de reservistas.
Como hemos dicho en otra ocasión, en nuestra época hablar de guerra en Centroamérica y el Caribe es un anacronismo. Pero de los gobernantes que hay en nuestros países cualquier cosa se puede esperar.
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