Fernando Bárcenas
El señor Humberto Belli, en un artículo de opinión, que él tituló “El reto del Cosep”, publicado en LA PRENSA del 9 de septiembre, invita a un debate sobre la inflexión política que él comparte y que amenaza al país, rumbo a un Estado fascista corporativo.
Escribe Belli: “El Cosep y las cúpulas del empresariado nacional están contentos. Tienen buenas razones: las leyes suelen aprobarse por consenso”.
Lo que significa que el Cosep puede hacer buenos negocios cuando el pueblo padece una de sus peores crisis de gobernabilidad y de falta de transparencia. Aunque cada empresario del Cosep actualmente prospera por medio de leyes afines a su modelo productivo atrasado, al país no le tiene sin cuidado que en esta coyuntura favorable para nuestra economía artesanal (exportadora de materias primas, que gozan de un periodo de precios bonancibles en los mercados internacionales), la economía pudiera crecer 2.5 por ciento más, si la institucionalidad bajase la percepción de riesgo país, y se atrajese aquellas inversiones de largo plazo, en bienes de capital, que apuntarían a una producción con un alto valor agregado y con un empleo más calificado.
El empresariado nacional no debería estar contento con leyes que defienden sus relaciones precapitalistas, gracias a concesiones y a exoneraciones estatales, al margen de la competitividad con empresas que contribuyan al desarrollo productivo.
“Algunos —dice Belli— lo ven como un contubernio entre un gobernante corrupto y autoritario, y un sector egoísta y sin visión. Pero es una percepción estrecha que solo juzga intenciones mientras ignora resultados”.
Que el gobernante es corrupto y autoritario, ¿será una percepción estrecha, un juicio de intenciones? ¿El estado de derecho, la rendición de cuentas de los funcionarios sobre los recursos del país sería una miopía? Hitler, Somoza o Pinochet obtuvieron excelentes resultados económicos. Sin embargo, la humanidad, con el sentido estrecho que Belli lamenta, hizo un sacrificio inmenso para salir de ellos.
Belli insiste: “La alianza gobierno-sector privado ha creado un clima favorable a la inversión y está contribuyendo significativamente al desarrollo del país. Este ha sido, precisamente, uno de los mejores aciertos de Ortega”.
Obviamente que esta alianza consolida al régimen absolutista de Ortega. ¿De modo, que Belli aplaude los aciertos de Ortega, al margen de evaluar si tales aciertos fortalecen un régimen que vulnera los derechos ciudadanos? ¿Se requiere una visión estrecha para considerar, en alguna medida, los derechos ciudadanos?
“El reto ahora —señala Belli— es institucionalizar dicho modelo, que asegure la participación de representantes gremiales en el engranaje estatal, ya sea incorporándolos en gabinetes mixtos (gobierno-privados) o dándoles curules en el congreso. Con diputados representantes de las cámaras empresariales y de otros gremios”.
Evidentemente, Belli, con este artículo, es un partidario confeso del corporativismo fascista. En ello, por supuesto, no hay ninguna consideración ideológica o la más mínima visión filosófica de la sociedad. Por ello, habla de despolitizar el sistema. No soporta, la sostenibilidad del Estado corporativista, en ninguna experiencia histórica. Su entusiasmo se basa en resultados económicos mediocres, de cortísimo plazo (en virtud del atraso precapitalista de nuestra economía, en la cual, la subida coyuntural del precio de las materias primas, produce un mayor impacto porcentual, que el que ocurre en economías más diversificadas y robustas).
Por último, Belli concluye: “El reto para el Cosep, en vista del vacío dejado por la crisis de los partidos, es hacer que la institucionalidad económica, que tan bien ha venido apuntalando, irradie hacia las otras esferas del estado”.
¿Institucionalidad económica, en nuestro caso, son acuerdos oscuros, protocolos secretos, concesiones sin licitación, ayuda internacional privatizada, el acuerdo canalero inconstitucional, o la reforma tributaria secreta?
Para Belli, ante la anulación de los partidos políticos liberales que no supieron combatir por la democracia, el Cosep, más allá de un organismo gremial, será un estamento decisivo del rumbo de la nación, similar a la nobleza feudal.
Pues bien, los ciudadanos empobrecidos y con derechos conculcados, tienen derechos frontalmente confrontados contra esa alianza de Ortega y el Cosep, que pretende avanzar hacia un Estado fascista. El autor es ingeniero eléctrico.