Adolfo Acevedo. LA PRENSA/ARCHIVO

Los desafíos del crecimiento económico y la productividad

No existe divergencia, entre quienes analizan los temas del desarrollo, alrededor del hecho de que Nicaragua se caracteriza por una productividad promedio sumamente baja, la cual además ha permanecido virtualmente estancada a lo largo de las últimas décadas. También se reconoce que, para acelerar los ritmos de crecimiento económico, resulta indispensable que se aceleren las tasas de crecimiento de la productividad.

Adolfo Acevedo Vogl (*)

No existe divergencia, entre quienes analizan los temas del desarrollo, alrededor del hecho de que Nicaragua se caracteriza por una productividad promedio sumamente baja, la cual además ha permanecido virtualmente estancada a lo largo de las últimas décadas. También se reconoce que, para acelerar los ritmos de crecimiento económico, resulta indispensable que se aceleren las tasas de crecimiento de la productividad.

Las tasas de crecimiento de la productividad no solo son importantes porque constituyen la clave para la elevación general del nivel de vida.

Además resultan fundamentales para aprovechar la fase actual de la transición demográfica, cuando la población es todavía predominantemente joven y en edades productivas está alcanzando sus mayores niveles históricos debido a la incorporación anual de decenas de miles de jóvenes a la edad de trabajar, y debido a la creciente incorporación de las mujeres a la actividad económica.

Para desplegar el pleno potencial de este momento, se requiere que la población en edades productivas en rápida expansión, encuentre empleos de productividad cada vez más elevada.

Esto permitiría que los jóvenes de ambos sexos, que todavía constituyen la proporción dominante de la población, tengan la posibilidad de insertarse en el mercado laboral en empleos de cada vez mayor calidad e ingresos, y puedan enfrentar el futuro de una manera más esperanzadora.

En el caso de las mujeres, que en esta fase se incorporan masivamente a la actividad económica, ello les haría ganar libertad y autonomía, en el sentido de poseer una mayor capacidad de decisión sobre sus vidas, más aún si se superan las desigualdades de género en el mercado de trabajo.

A su vez, el hecho de que los empleos que encuentren las personas en edades productivas sean predominantemente empleos de una productividad cada vez más alta, implicaría que la tasa de crecimiento de la productividad media de la economía estaría incrementándose.

Esto también resultaría fundamental para hacer frente al proceso de envejecimiento de la población. Como resultado de este proceso, el número de personas en edades productivas se irá reduciendo con rapidez en relación con el número de adultos mayores.

Por consiguiente la productividad debe crecer con mayor rapidez todavía, para que las personas en edades productivas puedan generar los recursos necesarios para sostenerse y a la vez atender a las necesidades del alto y creciente número de adultos mayores.

En lo que no existe consenso es en la batería de políticas que se requiere para lograr que la productividad crezca a tasas elevadas a lo largo del período necesario —es decir, a lo largo de décadas— para preparar al país para aprovechar la fase del bono demográfico y enfrentar la fase plena de envejecimiento de la población, en mejores condiciones.

El crecimiento de la productividad en los países desarrollados se basa principalmente en la innovación tecnológica. Para los países en desarrollo como el nuestro, sin embargo, el desarrollo no se trata tanto de impulsar hacia adelante la frontera tecnológica a través de la innovación, sino principalmente de cambiar la estructura de la producción y el empleo hacia actividades con mayores niveles de productividad.

Ello se debe a que en nuestros países la mayor parte del empleo es generado por actividades de muy baja productividad.

Dado que la productividad media de la economía es un promedio ponderado, siendo el factor de ponderación la participación de cada sector en el empleo total, el elevado peso de las actividades de baja productividad en la generación de empleo presiona hacia abajo la productividad promedio, contrarrestando el aumento en la productividad de las empresas modernas, cuya participación en el empleo es muy pequeña.

La salida a este problema está en la modificación profunda del actual patrón de crecimiento económico extensivo, que genera predominantemente este tipo de empleos.

Se trataría, como hemos insistido, de promover activamente un proceso de cambio estructural que signifique la reasignación de factores productivos —incluyendo la fuerza de trabajo— hacia nuevas actividades de cada vez mayor productividad, alto valor agregado y densidad de encadenamientos, y elevado dinamismo de la demanda.

Así, la economía absorberá la creciente fuerza de trabajo en actividades de productividad cada vez más elevada, es decir, generará principalmente empleos de cada vez mayor calidad y remuneración.

La capacidad de generar constantemente nuevas actividades dinámicas es, en este punto de vista, la esencia del desarrollo exitoso. Desde esta perspectiva, el proceso de desarrollo involucra un esfuerzo de diversificación de la estructura productiva.

Esto implica la necesidad de promover, incentivar y apoyar aquellas actividades y sectores con mayor capacidad de generación y difusión tecnológica, y de extender la dinámica industrial al conjunto del tejido del aparato productivo, a través de la promoción de encadenamientos y complementariedades intersectoriales.

Se trataría de desarrollar estructuras productivas más dinámicas, incluyendo el fomento de actividades innovadoras con mayor contenido tecnológico y el desarrollo de las sinergias y complementariedades que generan entre sí los sectores productivos y que producen “competitividad sistémica”.

Es necesaria, además, la diversificación hacia sectores y actividades que tengan un rápido crecimiento de la demanda, interna y externa, de tal forma que esta demanda pueda ser atendida con oferta interna, y que las exportaciones y las importaciones crezcan de forma balanceada, sin generar presiones insostenibles en la balanza de pagos.

(*) Economista

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COMENTARIOS

  1. joe
    Hace 13 años

    Muy bien explicado.
    Creo que si no aprovechamos el bono deomográfico ahorita, dentro de 30 años Nicaragua será, como usted mismo dijo don Adolfo, Vieja y Pobre.

  2. Ricardo Rodríguez
    Hace 13 años

    Excelente artículo. Me parece que se debe profundizar en los factores clave para el fomento de la productividad del trabajo, como educación, entorno tecnológico, institucionalidad. La Educación formal en Nicaragua se resisten a colocar la productividad como uno de sus objetivos estratégicos. Incluso contraponen el objetivo de dsarrollo humano al de la productividad. Las entidades de fomento tecnológico son muy pobres y la evaluación y certificación del desempeño esta ausente en muchas i

  3. Israel
    Hace 13 años

    ¿Cómo se pueden evaluar la Políticas de desarrollo del GONI en términos de productividad?

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