Jeniffer Castillo Bermúdez
Su sonrisa y pasión atrapa a cualquiera que la ve bailar.
Esther Salgado, de 10 años, está al fondo del grupo de niñas con discapacidad que inicia su presentación en el acto del 26 aniversario de la Asociación Los Pipitos.
Ella, vestida de huipil, mueve sus manos al ritmo de Managua linda Managua , aunque no la escucha bien. “Tiene deficiencia auditiva, pero baila muy coordinada”, comenta su mamá, Matilde Solís, quien reconoce que la musicoterapia ha cambiado a su hija.
Esther entró a Los Pipitos en el 2009 y hace casi tres años recibió los audífonos que ahora le permiten decir algunas sílabas y escuchar las lecciones de su profesora del colegio Melania Morales.
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A lo largo de los 26 años, en Los Pipitos han atendido más de 15,000 niños con discapacidad en los cinco institutos que existen en el país, según Nidia Torres, presidenta nacional de esta asociación.
“Mi hija tiene terapias tres veces por semana y el trabajo que han hecho en Los Pipitos le ha ayudado a desempeñarse mejor. Ahora ella es más desenvuelta y hasta dice algunas sílabas. Se comunica mejor”, dice Solís.
INCLUSIÓN LABORAL Y SOCIAL
Con este aniversario, la asociación festeja la inclusión social de los niños con discapacidad, pero también hace un llamado a “la necesidad de resolver la exclusión laboral y escolar que aún persiste”, afirma Torres.
“El (problema) más urgente es que a todos los jóvenes se les abran esas puertas para la inclusión laboral (…) el otro reto es la inclusión escolar, la atención que todo el Estado nos pueda brindar”, asegura Torres.
Los Pipitos este mes inaugurarán un nuevo centro en Juigalpa, Chontales y así llegarán a seis.
“Tenemos coordinación con todo el Estado porque la discapacidad de la niñez es de toda Nicaragua y tenemos que ir rompiendo brechas. No hemos llegado a toda Nicaragua, pero junto con el Estado, vamos a llegar”, apunta Torres.
LOS PIPITOS CAMBIÓ SU VIDA
Los aplausos y sonrisas de Gabriel Rivas Medrano, de 4 años, es motivo de orgullo de su mamá. Él es uno de los niños que asistieron a la celebración de los 26 años de Los Pipitos.
Él vio bailar a Esther y sus compañeras, mientras su mamá, Maribel Medrano, lo sostenía fuerte para que no se cayera, pues empezó a bailar sobre sus piernas.
“Mi hijo era como una almohadita, no se movía, no levantaba su cabecita y con las terapias ahora se mueve, se da vueltas, comenzó a caminar y a hablar. Actualmente está yendo a la escuela, está en primer nivel”, cuenta Medrano.
“A pesar de los retos, hay escuelas que están preparadas porque mi hijo está en una escuela cristiana y ya se sabe las vocales. Todo ha sido un proceso de superación y apoyo familiar”, afirma Medrano, quien cree en la educación inclusiva.
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