Adolfo Acevedo Vogl
Economista
El Programa de Invalidez, Vejez y Muerte (IVM) del INSS financia las pensiones que se pagan a los pensionados de dicho programa, fundamentalmente con los aportes de las generaciones activas de trabajadores cotizantes.
En otras palabras, los ingresos por cotización del Programa IVM dependen del número de cotizantes (N), el cual, multiplicado por el salario promedio cotizable de estos (w), nos da la nómina salarial total de los cotizantes al programa.
Los ingresos por cotización se obtienen aplicando la tasa de cotización (t) a la nómina salarial total de los cotizantes.
Si el número de cotizantes N es por ejemplo de 600,000 y su salario promedio w es de 7,000.00 córdobas, la nómina salarial total sobre la cual descansarán los ingresos por cotización del INSS será de 4,200 millones de córdobas al mes.
Si a eso se le aplica una tasa de cotización t del 11 por ciento, nos dará un ingreso mensual por cotizaciones de 462 millones de córdobas.
Por su parte, el monto del pago de pensiones dependerá del número de pensionados P y de su pensión promedio p. Supongamos que el número de pensionados es de 100,000 y su pensión promedio de 4,200 córdobas. El monto mensual de pago de pensiones será de 420 millones por mes.
En nuestro ejemplo el programa tendría unos ingresos por cotización de 462 millones de córdobas y unos egresos por pago de pensiones de 420 millones. Le quedaría un remanente de 42 millones para cubrir sus gastos administrativos y de operación.
Hay tres variables básicas para el equilibrio financiero del programa:
1. La relación Cotizantes/Pensionados o relación N/P:
En nuestro ejemplo N/P es igual a 600,000/100,000 = 6, o sea que en promedio hay seis cotizantes por cada pensionado.
2. La Relación Pensión Promedio/Salario Promedio o p/w (denominada tasa global de reemplazo):
En nuestro ejemplo p/w = 4,200/7,000 = 0.60 es decir que la pensión promedio equivale al sesenta por ciento del salario promedio cotizable de los cotizantes.
3. La tasa de cotización t será igual a p/w dividido entre N/P.
Para obtener la tasa de cotización que equilibra el programa dividimos p/w entre N/p es decir 0.60/6 y nos da una tasa de cotización de diez por ciento. Se eleva a 11 por ciento para cubrir los gastos administrativos y de operación.
Es decir, que se requieren en promedio seis cotizantes que devenguen 7,000 córdobas y coticen el diez por ciento para sostener una pensión promedio de 4,200 córdobas, la que equivale al sesenta por ciento del salario promedio de los cotizantes.
Con el tiempo los parámetros N/P y p/w se van modificando, y por consiguiente la tasa de cotización también debería irse modificando. En particular, en las próximas décadas, al acelerarse el envejecimiento poblacional, la relación N/P se deteriorará con suma rapidez.
Supongamos que dentro de veinte años la relación N/P se reduce de seis a tres. Supongamos que la pensión promedio creció más rápido que el salario promedio, y que ahora p/w es de 0.65.
Entonces la tasa de cotización que equilibra el programa para el próximo periodo de veinte años se elevaría a 0.65/3 = 21.7 por ciento.
El incremento de la cotización aumenta los ingresos y extiende el período en que el sistema puede mantenerse solvente.
También puede intentar contrarrestarse en parte el deterioro de la relación N/P al aumentar los años de cotización necesarios para jubilarse, buscando extender el período en que las personas se mantienen como cotizantes y no se convierten en pensionados, posponiendo al máximo su retiro. Lo mismo, cuando aumenta la edad de jubilación.
Además se puede modificar la fórmula de cálculo de la pensión, de manera que se reduzca la pensión promedio que se recibe como porcentaje del salario promedio de los cotizantes. Por ejemplo, si se reduce w/p a 0.40, en vez de aumentar la tasa de cotización al 21.6 por ciento, solo habría que aumentarla a 0.40/3 = 15 por ciento.
Si no se van a tocar ni los años de cotización ni la edad de jubilación, se nos está diciendo que la reforma recaerá sobre la tasa de cotización y la reducción de la pensión.
Es obvio que estas desagradables opciones se resolverán de mejor manera mientras mayor sea el nivel absoluto y la tasa de crecimiento de los ingresos del programa, los cuales no solo dependen de la tasa de cotización, sino de la evolución del número de cotizantes y de su salario promedio.
Lo que haría toda la diferencia del mundo, en términos de la capacidad de manejar de la mejor manera estos cambios, sería el nivel de desarrollo que se haya logrado alcanzar al arribar a la fase de envejecimiento, el cual dependerá de que logre mantenerse de manera sostenida, a lo largo de varias décadas, un ritmo muy alto de incremento de la productividad.
Por el contrario, si en nuestro país no se produce un proceso de cambio estructural de la magnitud adecuada, al arribar a la fase de envejecimiento, a los trabajadores cotizantes les resultará cada vez más difícil sostenerse a sí mismos, y al mismo tiempo, sostener en condiciones dignas al número creciente de personas mayores.
Pero emprender este proceso de cambio no depende del INSS, sino que corresponde a una decisión colectiva de la sociedad. Es, por consiguiente, un problema de orden profundamente socio-político, más que “técnico”.
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