Por Róger Almanza G.
Esa mañana les quedaría grabado de por vida el color rojizo de la pista. Solo esperaban la voz de arranque para correr. Era el año 2007 y los hermanos Rubí estaban en línea para la carrera de relevo en cien metros de la categoría máster de los juegos centroamericanos. Fue una emoción que duró 57 segundos, un récord que aún no ha sido superado.
Ha sido la única competencia en la que Camilo, de 82 años, Fernando, de 78, y Sergio, de 72, han estado juntos como equipo, pero en los últimos nueve años entre los tres han coleccionado más de 200 medallas en atletismo máster, compitiendo en Centroamérica, Estados Unidos y hasta en África.
Los hermanos Rubí han hecho de la pista de atletismo y de las competencias máster el motor que mueve sus vidas, una vida sin dolores en los huesos, sin fatiga, sin problemas de presión arterial ni de sobrepeso, ni siquiera a la edad que tienen necesitan lentes para mejorar la visión.
“Es que el ejercicio es la mejor medicina, para lo que querrás… y tampoco es que de viejo comenzamos a practicar deporte, la verdad que desde niños nosotros estamos ligados a alguna disciplina deportiva”, cuenta Sergio.
El mayor de los hermanos, Camilo, hasta hoy guarda más de 50 medallas entre oro y plata; Fernando guarda 80 y Sergio casi 90 medallas, todas conquistadas desde el año 2004, cuando este trío conoció las competencias máster de Nicaragua.
“Nunca es tarde para comenzar a hacer lo que te gusta”, comenta Fernando, y sus hermanos asienten con la cabeza.
Un buen inicio
Comenzaba el año 2004 cuando Sergio, el menor de los tres hermanos Rubí, supo de la Asociación de Atletas Máster de Nicaragua, su curiosidad lo llevó a más que correr en prueba para saber si daba la talla.
Ese mismo año Sergio se atrevió a competir en Costa Rica y representar a Nicaragua en el Campeonato Centroamericano Máster. Su primera competencia en esta categoría marcaría la diferencia para el resto de su vida.
Solo se inscribió en tres eventos y se llevó las tres medallas de plata. “Perder en Costa Rica fue un desastre para mí, yo quería el oro”, cuenta entre broma y serio Sergio Rubí, un amante eterno de los deportes y aspirante a sacerdote.
Sergio entró al Seminario de Bluefields a los 15 años, cuando con su familia vivían en Puerto Cabezas. “Disfrutaba mucho del seminario, es una educación que definitivamente me formó como hombre fuera de las reglas de la institución”, comenta Sergio.
Pero esa tarde que tomó la decisión de retirarse del seminario lo seguiría hasta su vejez. “No me arrepiento de haberme salido, porque conocí a la mujer que hoy me acompaña y he formado una bonita familia”, dice Sergio.
Tenía 21 años cuando un estudiante del seminario se le acercó “de forma rara”. “Yo no soportaba a los homosexuales y fui con el director y se lo dije. Me respondió que tal situación era muy difícil de probar. Me molesté tanto que agarré mis cosas y me fui”, recuerda Sergio.
Hoy se arrepiente de ese sentimiento que tuvo contra los hombres homosexuales. “Fue un sentimiento que me retiró de un camino que yo deseaba. Ese sentimiento poco a poco desapareció de mi vida, y ahora de viejo veo normal si dos hombres se gustan”, cuenta Sergio.
Este hermano Rubí desde adolescente jugaba ping pong y fue seleccionado nacional durante ocho años, razón que lo llevó a las competencias en África. También practicaba baloncesto. En softbol a sus 30 años debutó como campeón bate, es amante del tablero y el ajedrez y apasionado del frontón de mano en los últimos 40 años de su vida. “Creo que jugué como 40 mil partidos de frontón, lo juro, de todos solo perdí tres”, dice Sergio.
A su salida del Seminario su familia, de nueve hermanos más, ya había regresado a Managua, así que tuvo que continuar su recorrido y llegar a la capital.
A la conquista de sus hermanos
Recién regresaba con sus tres medallas de plata del Campeonato Máster Centroamericano 2004, cuando animó a Camilo, el mayor de los Rubí, a que entrara al entrenamiento y compitiera con él. Lo logró y un par de meses después Camilo y Sergio animaron a Fernando, así los hermanos Rubí empezarían a sonar en las competencias máster nacionales y centroamericanas.
“Cada quien por su lado hace sus ejercicios de rutina, cada mañana, todos los días”, comenta Fernando, pero los martes y los jueves entrenan juntos en atletismo y lanzamiento de disco.
Fernando es técnico en electrónica de aviación y desde chavalo se destacó en boxeo amateur, categoría en la que realizó 33 peleas y no perdió una sola.
Descubrió el beisbol y se vio en grandes ligas hasta que los técnicos le dijeron que no podría por su tamaño de cinco pies con tres pulgadas, “era muy chaparro, pero bueno al bate”, recuerda Fernando.
Su sueño de pelotero lo detuvo a los 22 años, cuando se convenció que no podría llegar a las estrellas de este deporte. Su frustración la convirtió en fuerza y empezó a entrenar artes marciales. Logró cinta marrón y participó en combates con peleadores de cinta negra, ganó y perdió muchas veces. “El deporte siempre me ha hecho un hombre feliz”, dice Fernando, quien además practicaba el atletismo desde los 8 años, “corría para ser el mejor de la escuela”, cuenta Fernando.
Hoy su cuerpo de 78 años luce fuerte, los músculos entrenados aún se notan en su abdomen y brazos. “A los 15 años descubrí a Charles Atlas y empecé a entrenar con su técnica de ejercicios de tensión dinámica, y los continúo haciendo hasta ahora”, revela Fernando.
“El deporte me salvó la vida”
Camilo es el mayor de los Rubí, es sociólogo y tiene 82 años, adora a sus dos hijas y solo una ejercita con él, no tiene nietos y de broma siempre dice, “no tengo edad para ser abuelo”.
Por la mañana hace en marcha ocho kilómetros, una de sus hijas siempre lo acompaña y aunque ella hace dos kilómetros más, siempre está pendiente de Camilo, pues su insuficiencia respiratoria los ha asustado un par de veces en plena competencia.
“Fumé 40 años de mi vida, ya tengo 22 años de no hacerlo, es el vicio más tonto que existe porque te pasa la cuenta muy cruelmente, pero a estas alturas para qué uno se va a arrepentir”, dice Camilo, quien desde hace un par de años debe cargar con él un spray que le ayuda a abrir sus saturados bronquios.
Camilo corre aunque los médicos le han dicho que no puede, pero siente que el atletismo le ha dado más vida. “Mientras los médicos creyeron que moriría porque mis bronquios ya no respondían, yo me lancé a la pista y aquí estoy, diez años después y sigo vivo”, dice en voz alta Camilo.
Camilo también jugó beisbol y fue mánager del equipo Capitán Montiel en Puerto Cabezas. Siempre le gustaron las pesas, tanto que él mismo armó sus propias máquinas. Hoy en el barrio Venezuela, en Managua, tiene su propio gimnasio y a su edad entrena a más de un chavalo que llega en busca de lograr un cuerpo con musculatura.
Más que listos
El mes de noviembre Nicaragua recibirá a los atletas para el Campeonato Máster Centroamericano, y ahí representando a Nicaragua estarán los hermanos Rubí.
Camilo competirá en lanzamiento de bala, disco, jabalina y martillo, del que aún tiene el récord centroamericano de 18.10 metros. Además correrá los cien metros planos.
Sergio, aunque dice no estar seguro en qué eventos participará, se está preparando para competir en los 100, 200, 400, 800 y 1,500 metros, además para lanzar la bala, el disco, la jabalina y el martillo y realizar salto alto, largo y triple. “Nada mal para este viejo”, dice Sergio.
Fernando apuesta a correr en los 100, 200 y 400 metros además de hacer el salto largo y lanzar la jabalina y el martillo, “son mis fuertes y creo que me llevaré las medallas”, asegura Fernando.
Ahí estarán los tres hijos, seis nietos y el único bisnieto de Sergio, acompañando a
los cuatro hijos, 12 nietos y 13 bisnietos de Fernando y las dos hijas de Manuel.
Para Camilo, Fernando y Sergio, competir no es nada imposible para la edad que tienen, porque en la medida que avanzan en edad, a varios atletas les llega la artritis y muchos otros mueren. Así que muchos atletas van quedando solos, hasta el punto de competir en solitario en alguna categoría.
“Por lo pronto la carrera más importante ya la ganamos y dejamos a la calaca atrás, así que cuando quiera nos vamos conformes con la vida que hemos llevado”, dice Sergio.
Ver en la versión impresa las paginas: 12, 13, 14


