AFP
Veinticinco policías brasileños fueron condenados este sábado a 624 años de prisión cada uno por estar involucrados en la matanza de la cárcel de Carandirú, en Sao Paulo, que en el año 1992 dejó 111 presos muertos durante la represión de un motín.
El juicio de la mayor tragedia carcelaria en la historia de Brasil, que se extendió por una semana, es la segunda parte de un proceso que fue dividido en cuatro, para juzgar en total a 79 policías militares por la muerte de los presos. A este grupo de policías se le responsabiliza del fallecimiento de 52 presos.
Las cuatro partes del juicio corresponden a las muertes registradas en cada piso de la prisión el 2 de octubre de 1992, cuando un operativo policial para contener una riña entre presos desembocó en una rebelión. La acusación asegura que los presos fueron ejecutados, mientras la contraparte señala que los policías dispararon en legítima defensa, porque estaban siendo amenazados y agredidos por los prisioneros amotinados.
Todos los policías que participaron en la acción resultaron ilesos. Otros 87 presos quedaron heridos. El proceso, que se inició en abril, tardó más de dos décadas en realizarse porque inicialmente estaba en la justicia militar y luego pasó a la esfera de la justicia ordinaria. Una serie de recursos presentados por los reos a lo largo de los años también demoró su comienzo. En abril, en la primera parte del juicio, 23 policías fueron condenados a 153 años de cárcel cada uno, por la muerte de 13 presos.
Hasta antes de que se iniciara el juicio, sólo había sido procesado un acusado por esta masacre: el coronel que comandó la operación, Ubiratan Guimarães, que en 2001 fue condenado a 632 años de prisión por las muertes, pero más tarde apeló el fallo y fue absuelto. Guimarães, también exdiputado estatal, fue hallado muerto en 2006 con un tiro en el pecho en su apartamento de Sao Paulo. El penal de Carandirú era entonces el mayor presidio de América Latina, con unos 8.000 internos.