Valmore Balladares presidente de la facción del Partido Liberal Independiente (PLI) liderada por el maestro Virgilio Godoy, desató una controversia con el documento que dio a conocer reclamando que la Bancada Democrática Nicaragüense (BDN) no es del PLI, ya que además de no identificarse como tal tampoco refleja en su actuación los principios ni los ideales de dicho partido.
La repuesta que dieron algunos diputados de esa bancada dejó en claro que la BDN compuesta por 24 diputados, no representa los intereses del PLI ya que en realidad es un híbrido donde hay conservadores, MRS, PLC y últimamente un exconvergencia recién salido de las filas del Gobierno que finalmente fue destituido por el Consejo Supremo Electoral.
Personalmente considero que el interés de los liberales debería ir más allá de la simple preocupación por el nombre o actuar de la BDN. Deberían autoanalizarse hasta encontrar la génesis no solo de sus controversias, sino también de la pobre opinión que sobre sus diferentes facciones tiene nuestro pueblo.
La más reciente encuesta de opinión pública de Borge y Asociados ubica a los liberales con un siete por ciento de militancia y qué decir de sus líderes: uno con el 77 por ciento de opinión negativa y el otro, pisándole los talones, con un 71 por ciento. Al respecto, el mejor análisis que he escuchado ha sido el vertido por el suplente del diputado Eduardo Montealegre, quien manifestó que los liberales tienen que hacer un alto en el camino y darse cuenta que están al borde de la extinción, que urge una recomposición de sus cuadros y un cambio de estrategia que los identifique más con las necesidades y expectativas de la población.
Analizando los mismos resultados de la encuesta mencionada me atrevería a decir que el futuro de la oposición es promisorio, pues más de un 39 por ciento se declara opositor al gobierno pero independiente, en otras palabras no comprometido con partido político alguno. En cambio el partido de Gobierno apenas alcanza un 36 por ciento algo que debe tener preocupado a la familia gobernante.
Mi humilde opinión sobre el pobre desempeño de las facciones liberales es que se debe a la falta o carencia de un líder honesto, de carácter, incluyente, aglutinador y con una hoja de vida personal y política limpia. Ese hombre definitivamente que no existe actualmente en las filas de ninguna de las facciones en que se encuentra dividida esa ideología.
¿Cuánto tiempo más tendrá que pasar para que ese hombre aparezca? Eso dependerá de la beligerancia y diligencia con que actúen sus bases y sus cuadros intermedios. Por lo pronto tienen ante sí el reto de dos elecciones, las de la Costa Caribe el próximo año y las nacionales del 2016. Esta última bien podría ser su renacer o, por el contrario, su tumba, en el hipotético caso que se impongan los antivalores que hoy distinguen a sus dirigentes o líderes como ellos los llaman.
Lo que sí es un hecho, es que nuestro pueblo no esperará a que aparezca ese iluminado. En otras palabras, el futuro democrático de Nicaragua, de ninguna manera pasa inexorablemente por una ideología cuyos desaciertos nos tienen hundidos en el totalitarismo que hoy padecemos. El autor fue concejal de Managua.
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A