Aun en medio de la agitada controversia que generó el fallo del combate en el cual se coronó campeón mundial Carlos “Chocorrón” Buitrago, hay varios aspectos que valdría la pena resaltar.
Tenemos que partir de un hecho: el chavalo ya tiene su título, que aunque interino, es meritorio. Está solo detrás del campeón regular. Y para algunos, entre ellos yo, se lo ganó con toda legitimidad.
La pelea fue muy pareja, pero el nica propinó los mejores golpes y esquivó más. Su boxeo fue más limpio y de mayor precisión. Su rival Julián Yedras, fue más agresivo y tiró más, pero fue errático.
Resultó interesante descubrir que Buitrago mostró talento para apretar cuando debía y retroceder cuando era necesario. Se administró bien y acumuló los puntos necesarios para imponerse.
No obstante, le faltó agresividad, cedió mucho la iniciativa, no dispuso de combinaciones prolongadas y tampoco se mantuvo en la línea de tiro justo cuando el oponente parecía flaquear.
Y no es que se esté buscando que ataque como el “Chocolate”, que se defienda como Rosendo o muestre el fuego de Adonis Rivas a pesar de sus limitaciones. Pero debe proponer más.
Me queda la impresión, que buena parte de los seguidores del boxeo, consideran que Carlos podría ser un campeón efímero. Sin embargo, eso mismo se pensó de Alexis Argüello.
Y aunque nadie está comparando, la clave va a ser la actitud de Buitrago ahora como campeón. Necesita mucho trabajo para pulirse y para sostenerse ante mayores niveles de exigencia.
Aunque ahora pueda llegar a satisfacer algunas necesidades, va a necesitar mucha hambre para triunfar.
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