Ramón H. Potosme
En grande, todo es en grande. Su costo seguramente así es, pero no importa, los recursos salen del “fruto de los nicaragüenses”, dice la primera dama Rosario Murillo sobre los arreglos que incluyen diez pantallas gigantes y más de 200 parlantes en toda la plaza y parte de la avenida Bolívar.
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Los detalles de ayer estaban restringidos, toda la plaza era impenetrable según los oficiales de la Policía Nacional que colocó oficiales y patrullas en casi todas las entradas a la Plaza de la Fe Juan Pablo Segundo.
De más está mencionar los árboles de metal con luces detrás que reflejan su grandeza, y la iluminación ya acabada de la Concha Acústica. Los últimos trabajos parece que ya no les dio tiempo, decenas de trabajadores ayer trataban de concluir, pero el avance entre un día y otro es tan significativo, faltan algunas aceras aledañas a la avenida Bolívar y la rotonda Hugo Chávez, que no se sabe cuál es y parece que no la han comenzado, puesto que la ubicada cerca del centro comercial Plaza Inter está igual de abandonada que hace años, cuando la inauguró el exalcalde Herty Lewites y la única remodelada ya tiene nombre, es la Rubén Darío.
Para el diputado del Movimiento Renovador Sandinista, Enrique Sáenz, lo que debería ser una fiesta nacional pasó después a ser un acto partidario, y ahora se ha transformado en un rito de consagración mesiánica para el inconstitucional presidente Daniel Ortega.
Para Sáenz, no es posible celebrar la conquista de libertades cuando se está en dictadura y las proclamas de héroes y mártires así como de Sandino y la revolución sandinista son reducidos a algunas retóricas cosméticas sin ningún peso.
Para el legislador el derroche de recursos es parte de la estrategia de comunicación de régimen de Ortega y su esposa Rosario Murillo.
Con ello, para el legislador, el Gobierno pretende afianzar en la mente de las personas una visión del presente, despojada de realidades o con realidades desfiguradas, y un imaginario y una visión de futuro plagada de fantasías.
“Las banderas, los colores, la multitud, la música, la agitación, el jolgorio, desempeñan un papel fundamental. Aunque cultivar la fe en el mesías se encuentra en el centro de la coreografía y de ahí la repetición y la repetición de su nombre. No importa la latitud ni el tiempo. El libreto es el mismo. “Somoza forever”, “Heil Hitler”, “Duce, mi luz”, “Dios en el cielo y Trujillo en la tierra”, plantea Sáenz.
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