Todo buen nicaragüense ama a su nación y siente profundamente en su alma y en su corazón cuando su presidente se vuelve inconstitucional y convierte el estado de derecho en todo lo contrario. Es inconcebible que habiendo derrotado a un dictador de derecha lo sustituya uno de izquierda, pero por su ambición de poder absoluto hace lo mismo que hacía el gobierno derrocado. Somoza tenía controlado todos los poderes, todos le rendían pleitesía y servilismo e igual sucede actualmente, pero con creces, porque al menos los ministros y otros altos funcionarios del somocismo hablaban y vertían sus criterios, y los de hoy están en completo silencio y temen dar información para que el pueblo sepa lo que se está haciendo. De ministros para abajo todos son empleado públicos remunerados con los impuestos que paga el pueblo. Somoza tenía al señor Salmerón en el poder electoral; Ortega tiene al señor Rivas, ambos siempre predispuestos a montar tanto fraude electoral que fuera necesario, con la diferencia que Salmerón vivía modestamente de su sueldo y Rivas es multimillonario y hace alarde de ello. Increíble que antes existiera la magnífica somocista y ahora el control de los antiguos CDS y ahora CPC con mayor poder.
Nadie puede obtener un puesto en el Gobierno si no lleva la carta del CPC. En el gobierno de Somoza se otorgaba el crédito en el Banco Nacional a los pequeños y medianos productores sin carta de recomendación ni presentación de magnífica, solamente debiendo tener los dos factores de trabajo y honradez a través de 89 Agencias de Crédito Rural que estaban situadas en la mayoría de los municipios. Ahora los pobres campesinos por falta de un banco verdaderamente nacional caen en manos de prestamistas disfrazados de microfinancieras que hacen su agosto con unos intereses de usura. En aquellos nefastos tiempos dictatoriales se les quitaba un porcentaje del sueldo a los empleados públicos para el partido dominante y ahora también se les quita el tres por ciento para el partido dominante y el que se resiste a pagar lo corren y no les pagan sus prestaciones, como lo resienten alrededor de 23,000 empleados despedidos por no ser orteguistas. Ahora se elaboran gigantescos proyectos que al menos su fin podría ser beneficioso para los sectores afectados, pero como es costumbre de no licitar nada, en el caso del ansiado gran Canal se lo han otorgado a una firma desconocida con un escandalosamente desconocido Wang Jing, lo que obliga a pensar que hay intereses ocultos de beneficios personales.
La Constitución ha sido violada tantas veces que ya perdimos la cuenta y los intríngulis de la administración son tradicionales y todo el mundo callado y lo más increíble que la Contraloría General es la más muda del continente. Hemos de resaltar las ideas vertidas recientemente por un funcionario que si se usa el gran lago para facilitar el Canal, sería perjudicial para esta gran reserva que más bien debieran darle asistencia de todo orden y convertirla en una reserva de agua potable, ya que como van los cosas en el mundo no está muy lejano que el agua tendrá un costo mayor que la gasolina. En 1978 el gobierno israelí a solicitud del Banco Nacional envió un grupo de especialistas que realizaron un estudio para instalar un sistema de riego nacional y que no se pudo llevar a cabo por el cambio de gobierno, pero que de haberse implantado tendríamos un país quizá llegando a un máximo desarrollo agrícola. Y ahora el Gobierno de Nicaragua es enemigo de Israel y se codea con Irán y otros países que nunca podrán igualar los beneficios que tendríamos con la asistencia técnica israelí.
La hipocresía con ribetes de cinismo está institucionalizada en todos los ámbitos del régimen y como ejemplo expongo el cognomento de cristiana y solidaria que emplean constantemente con procedimientos paganos y solidaridad solamente para el partido reinante. La ominosa falta de apoyo a la educación para formar gente que piense y actúe en función de un desarrollo nacional para salir del subdesarrollo que nos agobia. La ambición de poder del dueto presidencial ya está conseguida, pero la ambición de mayor poder económico sigue en niveles insatisfechos y con el firme propósito de llegar a ser émulos de Bill Gates.
Desgraciadamente nuestro país está tras las rejas de un dictador y pocos osan decir algo. El autor es cooperativista, fue funcionario del BNN.
Ver en la versión impresa las páginas: 11 A