Manuel de J. Jiménez
Mi voz es el resumen de todos los insomnios.
Efraín Huerta
Regreso lleno de piedras.
Soy un habitante que sonríe
cuando su recuerdo cae en pausas.
La misa de cuerpo
no se escucha
desde mis oídos ahuecados
y yo permanezco como un centinela
entre el desagüe
de mis más hermosos pensamientos,
entre la mutilación
de mis manos florecidas con magnolias.
El testamento apócrifo en los dientes
me lo llevaré conmigo,
por esta rabia en la boca
y la sombra hinchada de mi lengua.
Soy y fui tal vez
una música sonando a destiempo,
acallada por las grandes orquestas
de la vida.
Crucé una feria con juguetes atroces
creyéndome bello y arrogante.
Porque sé de propia muerte
del ayer como un hoy profundo
en mi cara hundida,
para la morada dulce de gusanos.
A través de un sueño
busco mis columpios y gatos
saltando entre una torre ahuesada,
sobre las luces de una calavera.
No hay nada que medirle
a las puntas irregulares de mi cadáver,
solamente mirar
la estrella que vuelve
por fin a la tierra.
“La muerte sea conmigo / La vida será después”
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