Don Arturo Cruz Porras, quien falleciera el martes de esta semana en Managua a los 89 años de edad, fue un consecuente luchador por la democracia en Nicaragua.
Don Arturo participó en diversos movimientos de lucha contra la dictadura somocista y en la etapa final de la lucha armada dirigida por el FSLN, formó parte del Grupo de los 12 . En el régimen sandinista de los años ochenta don Arturo fue presidente del Banco Central, miembro de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional y embajador de Nicaragua en Estados Unidos.
Decepcionado de la revolución sandinista por su desviación hacia el totalitarismo, en 1981 don Arturo se convirtió en un disidente. En 1984 fue candidato presidencial por la Coordinadora Democrática Nicaragüense Ramiro Sacasa Guerrero, que se retiró de la contienda electoral por falta de garantías de que aquellos comicios podrían ser limpios y justos. En 1985 don Arturo se integró en el directorio de la Contra, pero también de esta se hizo disidente por contradicciones insolubles con otros directivos. De manera que en 1987 don Arturo se retiró de la actividad política, para dedicarse a la reflexión y a escribir sus memorias, las que publicó el año pasado en un libro sugestivamente titulado Crónica de un disidente .
Es que don Arturo fue, invariablemente, desde su temprana juventud hasta el momento de su muerte, un demócrata coherente. Por eso es que siempre fue un disidente de la política, en lo que esta tiene de pequeña y mezquina, y sobre todo disintió del poder, tanto del que se practica abajo como del que se ejerce desde arriba.
En su libro de memorias don Arturo reflexiona y enseña desde la altura de sus convicciones, de su madurez, experiencia y sabiduría. Recuerda sus años mozos, cuando lleno de ilusiones se involucró en la política buena, que es la política de principios, la que se libra por ideales y no por ambición de poder, y se pregunta: “¿Podrá haber obra que redunde en mayor beneficio de toda una nación que aquella que se realiza con el propósito de luchar por la realización de una verdadera justicia social y por hacer prevalecer el interés nacional sobre egoístas intereses de individuos y partidos?”
La vida y la política pequeña le respondieron a don Arturo, de manera decepcionante sin duda y debido a eso declaró públicamente por medio de LA PRENSA, en una entrevista con el periodista Eduardo Cruz publicada el 24 de julio de 2011, cuando ya tenía casi 88 años de edad, que estaba arrepentido de haber sido político.
Realmente, cualquier nicaragüense que con desprendimiento hubiera entregado la mayor y la mejor parte de su vida a la lucha por la democracia y la libertad, se debe regocijar por haberse dedicado a una causa tan noble, pero también tiene que sentirse decepcionado de que haya a estas alturas en Nicaragua un gobierno como el actual, “clientelista” como lo llamó don Arturo en la entrevista antes mencionada usando diplomáticamente un concepto que en el fondo significa arbitrariedad, autoritarismo, corrupción, características de todos los regímenes autocráticos que ha sufrido Nicaragua.
En fin, de don Arturo Cruz Porras se puede decir lo mismo que el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal dijera sobre don Carlos Cuadra Pasos, ante la muerte de este ilustre político de mente brillante y manos blancas: “Pocos hombres de Nicaragua han dado tanto tantas veces, y se han guardado tan poco para ellos mismos”.
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A