Miguel Rosales Ortega
A 120 años de la Revolución Liberal de 1893, nada más conmemorativo que los liberales PLC tengamos claro hacia dónde debe ir nuestro partido, pues desde su ascenso al poder hace 17 años este partido no había estado en una situación tan difícil como hoy.
Desde el año 2001, elección tras elección, la percepción generalizada comprueba una caída libre de la aceptación ciudadana en su preferencia electoral hacia el partido. Convencido de esta realidad, desde noviembre del 2011 he venido solicitando una “encerrona” para discutir en el seno institucional el presente y futuro del partido, pero no ha sido posible ni la encerrona ni la discusión.
Por tal razón, bajo la responsabilidad de mi cargo partidario no puedo permanecer impávido ante la suerte de la institución donde siempre he depositado con lealtad las cotizaciones políticas de todos los años de mi juventud liberal.
Así, en el intento personal de encontrar respuestas sobre el presente y futuro del partido he comprobado la existencia de la tesis “anestesiana” —la denomino así porque sus ponentes utilizan la hipnosis para intentar bloquear la sensibilidad táctil y mental de la membresía liberal—; esta tesis sostiene que en las actuales circunstancias el PLC no puede estar mejor de lo que se encuentra.
La tesis en referencia atribuye el descenso de las preferencias electorales por el PLC a la “división del liberalismo” y “al fraude electoral”; pero imputar a estos factores esa responsabilidad es cruzar los brazos evitando incursionar en aparentes zonas prohibidas de discusión, donde existen razones más contundentes que analizar.
Pero hay más; así como Mandrake sacaba un conejo del sombrero, también los “anestesistas” —creadores de la tesis “anestesiana”— sacan de la manga de su esmoquin un asombroso “as de oro”, como escurridizo argumento para repartir entre acólitos los siguientes dulces premiados: “ante la litis que enfrenta el PLI, la personalidad jurídica del PLC es la más sólida de todas”, “mientras en el PLI se están matando, en el PLC todo es armonía”.
Esa misma tesis, sin especificar cómo, cuándo y por qué, vaticina al PLC retornar al poder, solo es cuestión de tener paciencia y esperar. Mientras se cumple el presagio, los PLC debemos gratificarnos contemplando libros de historia donde indelebles se constatan los gobernantes liberales; disciplinadamente la base piramidal partidaria debe afiliar, organizar territorios, mejorar la comunicación, efectuar ajustes en estructuras partidarias, etc.
De esta forma, siguiendo los supuestos de esta tesis el PLC se mantendrá bajo influjo del cloroformo, adormecido y en letargo. Y en lo sucesivo —ceteris paribus— al participar en cada proceso electoral convocado correrá el riesgo de ir desapareciendo en su intento de no hacerlo; conseguirá porcentajes electorales no menos infinitesimales que asignados, obtendrá el reembolso electoral, le proclamarán electos unos cuantos diputados, alcaldes y concejales; pero actuando así, el PLC se convertirá en definitiva en una especie de “ partido zombi”.
Para mí, al hablar seriamente del presente y futuro del PLC es necesario entrar a la zona del análisis evadido por la tesis anestesiana, el binomio institución persona, es decir, PLC Arnoldo Alemán.
En su condición de alcalde, líder político y presidente de Nicaragua, el doctor Arnoldo Alemán, enfrentó naturalmente en todo sentido, embestidas políticas, señalamientos mediáticos y también procesos políticos legales, inherentes a su gestión de gobierno, el PLC, por su estrecha vinculación al doctor Alemán y su falta de autonomía institucional, sufrió un “daño colateral” convirtiéndose en “víctima necesaria” en aquella difícil situación que involucró a su máximo líder.
Por esta razón la imagen del PLC y del doctor Alemán empezaron a bajar dentro de las opciones de preferencia ciudadana, porque la credibilidad de ambos —persona e institución— se vieron afectados y el estigma resultante se incrustó en la opinión pública generalizándose con lamentables apelativos, etiquetados y usados indiferenciadamente en ambos referentes del binomio.
Pero en política, como lo dijo Winston Churchill se muere varias veces, por eso es más peligrosa la política que la guerra; entonces, el levántate y anda de la institución PLC tiene más sentido aún y por tal razón propongo al partido elaborar la estrategia de reivindicarse con seriedad, esto es, a través de recuperar su propia identidad como institución, oposición y opción política electoral; de otra forma el PLC aparentemente estará vivo, pero en realidad estará trágicamente muerto.
El PLC, lo repito, solamente recobrando su credibilidad podrá abrir las siguientes puertas indispensables que le conducirán nuevamente al poder y que indirectamente se le cerraron: a nivel internacional, sector empresarial, medios de comunicación, líderes espirituales y religiosos, sociedad civil, formadores de opinión pública y población en general. Mientras la institución PLC no abra estas puertas del poder, olvidémonos de todo lo demás. El autor es Secretario Nacional del PLC