Un domingo asistí al desfile hípico en Estelí ofrecido a la Virgen del Rosario, patrona de esa ciudad norteña. Vi la alegría en el pueblo, porque el desfile es abierto a todos, habían “montados” de Matagalpa, Jinotega y resto de los departamentos del Norte o Segovias.
Compré unas botas de vaquero hechas en Estelí donde el viejo Moran, quien me dijo que había aprendido con Alberto Kraudi en Matagalpa.
Ahora Estelí es donde mejor hacen este tipo de artículos de cuero. Allí me encontré con un amigo hondureño, Salomón Ordóñez. Él dice que esas botas y monturas que hacen en Estelí son tan buenas como las tejanas y más baratas.
Un amigo esteliano, Salvador Castillo, me prestó un buen caballo. Tenía unos treinta años de no montar, pero me dije que “eso de montar es como andar en bicicleta, nunca se olvida”. El único problema fue dar el primer impulso para subir al lomo del brioso corcel, los calambres de los años no perdonan, pero “ya montado nadie me baja”, me dije a mí mismo.
EN LA BARRERA
Después entré en la barrera y encontré unos vaqueros, quienes me invitaron a tomar unos tragos en una de esas pequeñas cantinas. Pregunté sus apellidos: Rodríguez, Castillo, Valenzuela, Altamirano, todos apellidos norteños.
Andaba puesto mi sombrero vaquero y uno de ellos, experto montador de toros, me dice: “Sabe usted, ¿cómo se debe usar el sombrero vaquero?, pues eso tiene su ciencia y tradición”. Le respondí: “¡Ajá, vaquero! Decime cómo”.
Me contesta: “Por ejemplo, si un hombre se pone el sombrero levantado al frente puede confiar en él porque le está hablando sinceramente. Sin embargo, si el sombrero oculta sus ojos, téngale cuidado pues está mintiendo. Y si uno se pone el sombrero un poco inclinado es para enamorar a una mujer”.
Incluso si vas a una fiesta donde los amigos del Pacífico están de saco y corbata. También se anda de saco, pero con botas vaqueras lustradas, camisa mangas largas, preferible a cuadros, sombrero de ala ancha y, en vez de corbata, usan el cordón con puntas metálicas alrededor del cuello. “¡Ese es el traje del norteño, jobero!”, exclamó.
“Y si querés consumir lo que la región produce, andá con un cigarro (puro) corto y robusto entre los labios”, agregó.
“Gracias”, les dije, “he aprendido mucho con ustedes. Pasaré estos consejos a mis lectores para que los norteños, y también los de Boaco y Chontales, estén orgullosos de este estilo tradicional nuestro, como productores y ganaderos, y para que el resto de la República conozca de nosotros”.
Hasta la próxima fiesta patronal, rodeo, feria, montada de toros o cualquier fiesta elegante. ¡Viva, tierra adentro!
“Matagalpa, desde sus inicios, fue una ciudad muy productiva, lo que hizo que muchos extranjeros, principalmente europeos, se asentaran en el lugar”. Eddy Kühl, historiador.


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