La represión contra Zoilamérica Ortega Murillo, quien fuera vejada junto con su hijo Alejandro Bendaña en la sede de Migración, mientras su pareja, el ciudadano boliviano Carlos Ariñez Castel, era expulsado del país, es un caso no solo para el enfoque político sino también para el análisis psicológico y psiquiátrico.
Zoilamérica dice que no hay que ver esta represión como un problema familiar, sino como un abuso de poder estatal para destruir la ONG que ella dirige. Sin embargo ella misma denunció en el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), que su madre, Rosario Murillo de Ortega, la llamó durante el operativo de represión para intimidarla, lo cual fue corroborado por su hijo Alejandro.
En realidad, es obvia la implicación familiar en la represión contra Zoilamérica. Estas agresiones del poder político contra ella no se pueden desvincular de sus apellidos, y mucho menos del imborrable hecho histórico de que, en 1998, acusó a Daniel Ortega, su padrastro, de que la había violado sexualmente desde cuando era una niña. Ortega fue exonerado de aquella acusación por una juez perteneciente a su mismo partido, el FSLN, pero no porque se hubiera demostrado su inocencia sino porque, según la funcionaria judicial, el delito había prescrito.
Zoilamérica también presentó su acusación a Ortega ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), la cual en su oportunidad emitió un informe admitiendo la denuncia contra el Estado de Nicaragua, por retardación de justicia en ese escabroso caso. Sin embargo, en marzo de 2004 Zoilamérica se reconcilió públicamente con su madre, Rosario Murillo y cuatro años después retiró de la CIDH su denuncia contra Daniel Ortega. Esas decisiones de Zoilamérica causaron consternación y desconcierto en los sectores sociales que la habían respaldado de manera incondicional, sobre todo las mujeres sandinistas más prominentes quienes quedaron expuestas a sufrir toda clase de represalias, por haberse enfrentado al todopoderoso caudillo del FSLN.
Al reconciliarse con la pareja Ortega Murillo y retirar la denuncia contra Daniel Ortega por violación sexual, Zoilamérica perdió la confianza de muchos que la habían apoyado y fue víctima de rumores sobre supuestos beneficios materiales que ella habría recibido, a cambio de la reconciliación con su madre y su padrastro.
Pero Zoilamérica, quien volvió a usar el apellido Ortega, se dedicó en los últimos tiempos a su trabajo en una ONG humanitaria más conocida por su defensa de las personas que pertenecen a la llamada diversidad sexual. Con esa actividad ella no representaba ninguna molestia y mucho menos amenaza contra el omnímodo poder político, económico y social de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
De manera que es incomprensible la persecución del poder orteguista contra Zoilamérica. A todas luces es algo irracional y por eso es que señalamos que es un caso de estudio no solo político, sino también psicológico y psiquiátrico. Cuando quienes lo tienen todo: poder político absoluto, riqueza inmensa y una determinante influencia social, no pueden, sin embargo, forzar a algunas personas y a la realidad a comportarse como ellos quieren; y cuando cometen abusos sin sentido ni explicación, es que hay en ellos delirio del poder. Lo cual es un problema político, pero también psicológico y psiquiátrico.
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