BRASILIA/AP
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Alrededor de 5,000 manifestantes, que marcharon pacíficamente en un inicio, se enfrentaron con la Policía cuando se acercaron a la zona de seguridad, a unos dos kilómetros del estadio Fortaleza, donde jugaron las selecciones de España e Italia en la Copa Confederaciones.
Esta es la protesta más reciente desde que comenzaron las manifestaciones masivas el 10 de junio. Los manifestantes están molestos por la corrupción y los malos servicios públicos a pesar de los elevados impuestos. Las protestas también denuncian los miles de millones de dólares gastados para organizar la Copa del Mundo y los Juegos Olímpicos de Río en 2016, dinero que a su juicio debería destinarse a mejorar hospitales, escuelas y proyectos de transporte.
Las autoridades disparaban gases lacrimógenos y balas de goma en un intento infructuoso de dispersar a la multitud, mientras los manifestantes respondían con hondas, fuegos artificiales y piedras. En un momento, un grupo de manifestantes traspasó la barrera policial externa y echó a correr hacia el estadio, pero fueron empujados de vuelta por la Policía.
Gilberto Carvalho, secretario general de la Presidencia, expresó ayer que la lección más importante que el Gobierno aprendió de las protestas es que tiene que escuchar y entender mejor las voces que vienen de la calle.
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