Martha Vásquez
En mayo pasado se cumplieron dos años después de que un grupo de universitarios y sociedad civil promovieron la reforma al Código de la Niñez y la Adolescencia, intento que fue abortado en la Asamblea Nacional el año pasado, ya que 86 diputados votaron en contra del incremento de penas para menores de edad.
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Hubo intensos debates, sobre si era conveniente o no incrementar la sanción penal para adolescentes transgresores de la ley, en delitos graves como el homicidio y asesinato, de seis a 15 años de cárcel, pero al final concluyeron que era mejor invertir en la prevención, invertir más presupuesto para la educación de los chavalos y chavalas.
A la fecha el magistrado Armengol Cuadra, presidente de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, asegura que hacen todo lo posible para continuar aplicando la justicia penal restaurativa en los adolescentes, para integrarlos nuevamente a la sociedad, pero “no hay dinero para construir penales especializados como manda el Código”.
POCOS COMETEN DELITOS GRAVES
De enero a mayo de este año 2,353 adolescentes han infringido la ley penal, de estos solo 248 tienen pena privativa de libertad, es decir permanecen presos en los distintos sistemas penitenciarios del país, según datos de la oficina técnica para el seguimiento al sistema penal de adolescentes de la CSJ.
El resto de adolescentes, en su mayoría varones, gozan de otras medidas alternas a la prisión como socio-educativas (prestar servicios a la comunidad, reparación del daño) y de orientación y supervisión (cambio de domicilio, matricularse a centros educativos, abstenerse de ingerir sustancias prohibidas).
“La idea es rescatar al chavalo de la calle y los malos caminos y volverlo una persona de bien a la sociedad. Lo restauramos”, dijo Cuadra.
Entre los delitos cometidos por adolescentes están la violación a menores de 14 años, robo agravado, homicidio y lesiones graves.
“Entre los adolescentes transgresores hay pocos estudiantes, apenas 198, el resto dice ser jornalero, agricultor, vendedor o simplemente no hace nada”, refirió el funcionario.
El origen del comportamiento del muchacho que violenta la ley sigue siendo el mismo: hogares desintegrados, violencia intrafamiliar, ingesta de licor de parte de padres y falta de apoyo familiar para la educación”, mencionó Cuadra.
De quienes han logrado integrar a la sociedad a través de programas de rehabilitación han salido pequeños empresarios, policías y técnicos en diversos oficios, según la oficina de seguimiento penal.
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