MONTERREY/AFP
Lejos de soñar con superhéroes, cada vez más los niños portan armas, cobran extorsiones y hasta amenazan a sus profesores en Nuevo León, Estado del norte de México asolado por la violencia del narcotráfico, un “fenómeno de imitación” que preocupa.
“Una vez le pregunté a un niño, que se veía muy tranquilo, que de dónde era. Muy naturalmente me dijo que de Sinaloa y que sus papás eran narcos, que por eso me portara bien con él para que no me acusara con ellos, y ¡solo tenía 8 años!”, dijo alarmada una maestra que pidió el anonimato, de una escuela secundaria privada de Escobedo, municipio aledaño a Monterrey.
La cruenta disputa entre los cárteles de Los Zetas y del Golfo en Nuevo León ha provocado una escalada de violencia y la migración de muchos integrantes de organizaciones criminales de otros Estados hacia Monterrey, donde se establecen con sus familias.
“Entre los maestros comentamos mucho esos casos, de niños que llegan de Tijuana, de Sinaloa, de Michoacán, y los papás llegan (a dejar a sus hijos a las escuelas) en sus camionetas de lujo y pagan todo el año completo con tal que sus hijos entren al curso que ya está iniciado”, añadió la maestra.
La maestra dice que hay jóvenes que llegan armados al colegio, amenazan a sus compañeros y les quitan el dinero. David, quien cursaba el tercer año de primaria, tras un regaño amenazó a su maestra diciéndole que “iba a llamar a Los Zetas para que la castigaran”, narra otra profesora.
Los daños en la infancia por la violencia de la lucha del narcotráfico se presentaron de manera dramática en otras localidades como Ciudad Juárez, que en 2010 ocupó el triste primer lugar en el índice de homicidios, y donde al menos 12,000 niños han quedado huérfanos. Los menores reciben terapias lúdicas para salir del aislamiento y episodios de ira en los que caen tras las muertes de sus padres y la estigmatización que enfrentan en sus comunidades por ser “hijos de narcos”.
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