Resulta doloroso para cualquier ser humano ver a través de la televisión el maltrato y la violencia que sufrieron los adultos mayores por reclamar una pensión reducida. ¿Dónde está el cristianismo? Uno de los proverbios del rey Salomón nos enseña que es mejor humillar el espíritu ante los humildes. Es normal que en un país desarrollado la indiferencia de la familia y de la sociedad sea el pan de cada día. Los ancianos son enviados a asilos y la desatención hacia sus necesidades es vista con desafecto y se olvidan de darles amor, seguridad, ternura, aliento, cariño y hálito para continuar viviendo. Nicaragua es otra cosa, somos un país de gente alegre, animosa, solidaria, amante de la familia, del hogar y de la unidad espiritual. La pérdida de la prudencia y de la sensatez es menosprecio a la sabiduría que debería imperar en el corazón de los que dirigen el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS). Rubén Darío en su poema en prosa ¿Por qué? dice: “Los talleres son el martirio de la honradez: no se pagan sino los salarios que se les antoja a los magnates, ( ) en los palacios y casas ricas los dichosos se atracan de trufas y faisanes. Cada carruaje que pasa por las calles va apretando bajo sus ruedas el corazón del pobre”.
La Biblia nos da diferentes mensajes y uno de ellos es aleccionador: El pobre habla con ruegos mas el rico responde durezas. Hoy los adultos mayores carecen de ingresos suficientes para acceder a atención médica, alimento y vivienda. No hay disposición del Gobierno para dialogar con estos ancianos, que por olvido de sus empleadores hoy no cuentan con un respaldo económico mínimo, en tanto es una demanda legítima, son personas que necesitan vivir tal vez no dignamente, pero con honradez. Estamos enseñando a nuestros niños y jóvenes la cultura de la intolerancia, el sectarismo, la obcecación y el irrespeto a las personas mayores, nunca antes visto, porque la palabra de Dios es sabia y nos dice que cuando nuestro padre o nuestra madre envejezcan no los debemos menospreciar. Recordemos que existe mucha sabiduría en el corazón del anciano y en muchas culturas es “consejero” y “sabio”.
La insensibilidad de los que golpearon el cuerpo de los adultos mayores nos dejó anonadados, porque es lamentable que en este país ellos no tengan derecho a opinar, criticar y protestar contra las injusticias. Hoy esos hombres y mujeres valientes, bizarros que desafiaron a ciertas autoridades, padecen problemas serios de salud, cuya gravedad y elevado riesgo los hace doblemente vulnerables, porque sus enfermedades son crónicas y degenerativas como la diabetes, hipertensión, reumatismo o cáncer, incluso pueden llegar a sufrir de otros padecimientos del sistema nervioso central como Parkinson y Alzheimer. Desafortunadamente mañana puede ser usted o yo el que soporte esta clase de atropellos. Es hora de comenzar a forjar un verdadero amor por el prójimo, por nuestro vecino, por nuestro hermano, por nuestro colega. Se trata, entonces, de actuar con integridad, hagamos a un lado la usura, porque no es agradable a Dios. Recordemos que el derecho a la integridad personal se encuentra consagrado en el derecho internacional consignado en el Estatuto del Tribunal Militar de Nuremberg de 1945, la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 (artículo 5) y los Convenios de Ginebra de 1949. La autora es doctora en Filología y maestra en Ciencias de la Educación.
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