Adolfo Acevedo Vogl
Economista
El desarrollo no descansa en la especialización de las exportaciones en unos pocos productos en los cuales los países posean ventajas comparativas estáticas o “ricardianas”, debidas a su abundancia relativa de factores, sino en un proceso de constante diversificación de la estructura productiva y su canasta exportadora hacia bienes de mayor densidad de conocimientos, importantes encadenamientos, alto valor agregado y elevado dinamismo de la demanda.
Sin embargo, la articulación fundamental de la economía nicaragüense ha estado y continúa centrada en la relación entre la producción y exportación de bienes de bajo valor agregado y escaso contenido tecnológico (café, azúcar, carne, oro, mariscos), por una parte, y el mercado mundial, por la otra. La “competitividad” de estos productos ha estado sustentada fundamentalmente en la disponibilidad relativamente abundante de recursos naturales y fuerza de trabajo barata.
Este patrón de especialización no ha variado mucho en el último medio siglo: la composición de la matriz de exportaciones de bienes de Nicaragua no se ha diversificado mucho en las pasadas décadas.
Cuando se analiza el tipo de especialización exportadora del país según su contenido tecnológico, destaca el peso fundamental que todavía tienen los productos básicos y las manufacturas tradicionales basadas en recursos naturales. Por otra parte, lo que aparecen como nuevas “exportaciones de manufacturas de baja y mediana tecnología”, fundamentalmente textiles y arneses para automóviles, son el producto de procesos de ensamblaje en las zonas francas.
Pese a lo que podría indicar su clasificación, el ensamblaje en zonas francas no requiere mayor intensidad tecnológica, sino que en las mismas se llevan a cabo las etapas más sencillas del proceso de manufactura global, aquellas intensivas en mano de obra poco calificada, de bajo valor agregado.
Estas exportaciones tienen un alto contenido de importación directa, debido a que se limitan a ensamblar componentes importados. En Nicaragua las exportaciones de zonas francas medidas en términos de valor agregado solo representan el 28 por ciento del valor de las exportaciones brutas.
En contra de lo que han predicado las corrientes clásicas y neoclásicas del crecimiento, que no han visto en la especialización sectorial un problema grave del desarrollo, tanto el crecimiento de la demanda internacional como el progreso tecnológico tienen sesgos sectoriales marcados, y que por ello los patrones de especialización productiva determinan las capacidades de aumento de la productividad.
Tomando el ejemplo del crecimiento de las tres últimas décadas a nivel internacional, puede constatarse que las economías más dinámicas son aquellas en las que es más rápido el proceso de diversificación productiva y que cuanto mayor es la participación de las manufacturas con mayor contenido tecnológico en las exportaciones, o el grado de procesamiento y el contenido tecnológico agregado a los recursos naturales, mayores son los ritmos de crecimiento económico.
El Índice de Especialización Tecnológica (IET) refleja la participación de las exportaciones de alta tecnología en las exportaciones totales y la cuota de mercado de un país o grupo de países. El IET muestra, desde una perspectiva dinámica, cómo cambia la participación de mercado de un país o región en las actividades de mayor contenido tecnológico respecto a su participación en actividades de menor contenido tecnológico.
La estimación de la evolución de este indicador para Nicaragua muestra valores extremadamente bajos, que los mantienen a un nivel similar al que exhibe el África subsahariana.
Por su parte, el denominado “índice de complementariedad” procura medir el grado en que las exportaciones de un país se adecuan o corresponden con las importaciones de terceros países o del resto del mundo. Este indicador adquiere valores sumamente bajos para Nicaragua, indicando que la canasta exportadora del país muestra una baja correspondencia con los bienes y servicios que importa el resto del mundo. Indicando una muy escasa capacidad de adaptarse a los cambios de la demanda mundial.
Las exportaciones tradicionales del país tienen además como rasgo fundamental una baja elasticidad ingreso de la demanda mundial, de donde se deriva su limitado dinamismo a largo plazo, excepto por algunos períodos cíclicos de auge que tarde o temprano terminan. Como resultado, las exportaciones de Nicaragua han venido declinando a largo plazo como porcentaje de las exportaciones mundiales, e incluso como porcentaje de las exportaciones del conjunto de la región centroamericana.
Por lo demás, la especialización en “commodities” de bajo valor agregado y baja elasticidad ingreso de la demanda se ha reflejado, tal como lo predijo Raúl Prebish hace más de sesenta años, en una tendencia a largo plazo al deterioro de los términos del intercambio, que opera en detrimento de los países que concentran un alto porcentaje de sus exportaciones en este tipo de productos.
Lo que debe retenerse es que las implicaciones del deterioro de los términos del intercambio son muy concretas. Si utilizamos las series de tiempo de la base de datos de la UNCTAD para estimar estas variables tomando como año base 1980, encontramos las pérdidas de ingreso real del país como resultado del Efecto de la Relación de Precios de Intercambio, las cuales habrían alcanzado a representar el 11.5 por ciento del PIB en 2011.
El desarrollo económico requerirá reasignar recursos hacia sectores o actividades internacionalmente transables intensivas en conocimiento y en innovación tecnológica. Es necesaria, además, la diversificación hacia sectores y actividades que tengan un rápido crecimiento de la demanda, y considerables encadenamientos.
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