Editorial: Otra gran oportunidad
La semana pasada se formó una amplia coalición social y política, pero sobre todo patriótica, para repudiar la onerosa concesión canalera que el Gobierno de Daniel Ortega le ha dado a una oscura firma china de Hong Kong.
Sobre tal hecho, el viernes anterior ponderamos que esas organizaciones y movimientos de diversos signos políticos, tendencias ideológicas e interés social, dejaron a un lado sus diferencias para unirse alrededor de la defensa de la soberanía de Nicaragua, que es una motivación superior a cualquier objetivo político o social que pretenda cada una de ellas por separado.
También señalamos que así como los detractores de las dispersas organizaciones sociales y políticas que se oponen al régimen orteguista, las califican despectivamente como una “sopa de letras”, de la misma manera llamaba la dictadura sandinista a los grupos que formaron la Unión Nacional Opositora (UNO) en 1989 y en febrero del año siguiente le propinaron una severa derrota electoral a Daniel Ortega y al FSLN.
La unidad en la acción de las organizaciones políticas y sociales que integraron la UNO, comenzó a raíz de los Acuerdos de Esquipulas II, en agosto de 1987, cuando Daniel Ortega se comprometió en nombre del Gobierno sandinista a promover un diálogo nacional para abrir el camino a la democratización y la pacificación de Nicaragua. Entonces, para participar en ese diálogo las múltiples organizaciones y movimientos sociales que se oponían cívicamente a la dictadura sandinista, se unieron alrededor de la demanda de 14 reformas constitucionales que eran indispensables para democratizar a Nicaragua.
Ahora, el rechazo a la concesión canalera que por su contenido brutalmente lesivo a la soberanía nacional ha sido calificado como el Tratado Chamorro-Bryan del siglo XXI, podría ser el eje de la nueva gran unidad democrática y patriótica que se necesita para enfrentar y derrotar al autoritario régimen orteguista, del mismo modo que la demanda de las 14 reformas constitucionales fue la plataforma que en 1987 sirvió para unir a 17 partidos y otros movimientos políticos y sociales.
Dicho con otras palabras, la coalición de hecho que se formó la semana pasada para emitir una declaración y marchar en defensa de la soberanía nacional de Nicaragua, motivada por la concesión canalera que se aprobó el jueves 13 de junio en la Asamblea Nacional, debe ser mantenida y fortalecida no solo para denunciar la ignominiosa entrega orteguista de la soberanía y el honor nacional, sino para luchar también por otras grandes demandas que son del interés de todos los nicaragüenses democráticos y patriotas.
Desde 2007, cuando terminó el anterior ciclo de la democracia en Nicaragua, la oposición al orteguismo ha venido ofreciendo una penosa imagen de dispersión e impotencia. Pero ahora la concesión canalera orteguista, que con toda razón ha sido calificada como vendepatria, puede ser la oportunidad para que se comience a forjar un amplio movimiento de unidad en la acción, en el cual no todos tengan que estar de acuerdo en todo, pero sí puedan lograr consenso alrededor de cuestiones fundamentales, sin egoísmos sectarios ni personalismos narcisistas.
Si ya se logró en 1989, ¿por qué no se va a poder lograr ahora que la motivación es mucho más aglutinante?
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