Una veintena de organizaciones de la sociedad civil, humanitarias, ambientalistas y políticas partidistas, se han pronunciado vigorosamente contra la aprobación legislativa de la concesión canalera de Daniel Ortega a una oscura firma china de Hong Kong, la cual supuestamente invertirá o conseguirá los 40 mil millones de dólares que dicen costará la construcción del Canal.
Las organizaciones de diversos signos políticos, tendencias ideológicas e interés social, han dejado a un lado sus diferencias que habitualmente discuten con encono y emitieron un vibrante “Manifiesto por la defensa de la soberanía nacional”, publicado el miércoles de esta semana en campo pagado de LA PRENSA y difundido masivamente por medio de las redes sociales. Y ayer jueves 13 de junio, miembros de esas organizaciones y numerosos ciudadanos independientes realizaron una fuerte protesta frente a la Asamblea Nacional, donde la aplanadora parlamentaria del FSLN estaba aprobando la concesión canalera con la oposición —ineficaz pero digna y patriótica— de los diputados democráticos.
La protesta de las organizaciones civiles y políticas democráticas ha sido fuerte y combativa, pero no ha tenido la magnitud de las movilizaciones de los ciudadanos de Turquía, en protesta contra el proyecto gubernamental de destruir un parque de Estambul y construir en su lugar un gran centro comercial y cultural.
El motivo de la protesta masiva y tenaz de los turcos es muy importante, sin duda, pues se trata de la defensa de un vital recurso medioambiental. Y tan fuerte ha sido esa protesta, que ha llegado hasta demandar la renuncia del gobierno del autoritario primer ministro Recep Erdogán, quien, asediado por las manifestaciones, ha prometido la convocatoria de un referendo popular para que los ciudadanos voten sobre el proyecto gubernamental. Sin embargo, mucho más importante que el motivo de las grandes protestas en Turquía es la concesión canalera de Daniel Ortega, que compromete la soberanía territorial, jurídica y económica de Nicaragua y según los expertos ambientalistas podría causar una catástrofe ecológica nacional, al arruinar las aguas del lago Cocibolca.
El orteguismo, abierto y solapado, menosprecia la protesta de los ciudadanos nicaragüenses, tal vez porque no es tan masiva como la de Turquía, y despectivamente califica como “sopa de letras” a la diversidad de organizaciones que la convocan. También se engaña el orteguismo con la movilización de los empleados públicos que son obligados a demostrar o fingir respaldo al Gobierno, aunque este con sus acciones atente contra la integridad nacional y lastime la dignidad de los mismos empleados gubernamentales, porque también ellos son nicaragüenses.
Pero una sopa de letras era la Unión Nacional Opositora (UNO) cuando se formó en 1989 y en febrero de 1990 derrotó en las urnas electorales a Daniel Ortega y al Frente Sandinista. Y ahora, la coalición de organizaciones civiles y políticas que se han unido para rechazar la onerosa concesión canalera del régimen orteguista, podría ser el comienzo de una gran movilización política y social que culmine con una nueva derrota de Ortega.
“De la chispa nacerá la llama”, escribió un poeta ruso del siglo 19 llamado Vladímir Fiodorovich Odeyevski. Siempre ha sido así. Una chispa como la onerosa concesión canalera de Daniel Ortega podría ser la que encienda la llama de la gran lucha de liberación nacional.
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