TEHERÁN/AFP
Irán se ha aislado a nivel internacional desde 2005 debido a su política nuclear, a las polémicas declaraciones de su presidente Mahmud Ahmadinejad, y todavía más desde el comienzo del conflicto en Siria en el que Teherán apoya al régimen, estiman analistas a tres días de las elecciones.
«La política exterior del país no es prerrogativa del presidente. De hecho Ahmadinejad no es más que un ejecutor de la voluntad del guía supremo, el ayatolá Alí Jamenei», el número uno iraní, explicó a la AFP Alí Vaez, analista del grupo de reflexión International Crisis Group.
Mohamad Saleh Sedghian, jefe del centro árabe de estudios iraníes, con sede en Teherán, estimó sin embargo que «Ahmadinejad no ha logrado alcanzar los objetivos en política exterior debido a la forma en la que quiso aplicarla (…) lanzando lemas en vez de tener una posición clara sobre los temas importantes».
Para este analista, ha sido «un show político en lugar de una verdadera estrategia».
Desde 2003, Teherán está inmerso en negociaciones, no sólo con la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA), sino también con las grandes potencias para solucionar la crisis por el programa nuclear iraní.
Después de la llegada al poder de Ahmadinejad en 2005, el Consejo de Seguridad de la ONU adoptó, entre 2006 y 2010, seis resoluciones sobre Irán, cuatro de ellas acompañadas de sanciones. Esas resoluciones calificadas de «papelitos» por Ahmadinejad, que se opone tajantemente a suspender el programa nuclear de Teherán.
Al comienzo de 2012, Estados Unidos y la Unión Europea las reforzaron adoptando sus propias sanciones económicas contra el sector petrolero y el bancario. Estas medidas provocaron una grave crisis económica y financiera en el país con una inflación oficial de 31% y una devaluación de la moneda de casi el 80% con respecto al dólar.
Ahmadinejad esperó a mediados de 2012 para admitir que las sanciones causaban «problemas» a la economía iraní.
También irritó a la comunidad internacional multiplicando las declaraciones que ponen en entredicho el Holocausto o diciendo que Israel, enemigo acérrimo de Teherán en la región, debía ser «borrado del mapa».
UN PRESIDENTE RADIACTIVO
«Las declaraciones de Ahmadinejad pusieron en dificultad a Irán (…) Habría podido no hablar del Holocausto que no concierne» al país, afirmó Sedghian.
«Los declaraciones del presidente sobre el Holocausto o la cuestión nuclear no hicieron más que provocar más sanciones contra Irán», consideró el analista reformista Mohamad Sadegh Javadihesar.
«Ahmadinejad eligió un tono belicoso y la controversia. Su retórica lo convirtió en un jefe de Estado radiactivo que provoca la reticencia entre todos los responsables occidentales obligados a tratar con él», agregó Vaez.
Irán no reconoce la existencia de Israel y los responsables iraníes califican el Estado hebreo de «régimen sionista ilegítimo».
Teherán también se presenta como defensor de los derechos de los palestinos, junto con el Hezbolá chiita libanés y Siria, otro punto de fricción con Occidente.
Desde el comienzo del conflicto sirio en marzo de 2011, Ahmadinejad multiplicó las declaraciones de apoyo al régimen del presidente Bashar al Asad, afirmando que su caída amenazaría la seguridad de toda la región.
Tanto los rebeldes sirios como los países occidentales y árabes acusan a la República islámica, aliada histórica de Siria, de suministrar armas y de apoyar militarmente al régimen.
La reacción de Teherán sobre este tema, y también sobre el movimiento de contestación en Bahréin, irritó sobremanera a las monarquías sunitas del Golfo.
Según Javadihesar, «pudo haber actuado mejor. Su comportamiento parece el de un diplomado universitario que cree que puede hacer lo que quiera (…) incluso destituir a un ministro de Relaciones Exteriores cuando se encuentra de visita oficial en el extranjero».
En 2010, el entonces jefe de la diplomacia Manuchehr Motaki se enteró de su destitución por el presidente de Senegal, donde realizaba una visita oficial, habían afirmado los medios de comunicación.
La comunidad internacional también denunció su silencio ante la represión del movimiento de contestación que siguió a su reelección en junio de 2009.
En 2013, Irán tiene «menos amigos, tanto en Occidente como en la región, en comparación con 2005, cuando llegó a la presidencia», concluyó Sedghian.