Debido a la falta de transparencia informativa de los gobiernos de Nicaragua y Venezuela, hubo diversas especulaciones acerca de los objetivos del ilegítimo presidente venezolano, Nicolás Maduro, en su visita del fin de semana pasado al también ilegítimo presidente nicaragüense, Daniel Ortega.
Se dijo que Maduro venía a ajustarle las cuentas a Ortega, por supuestos manejos irregulares en Albanisa, la turbia empresa mixta que administra el grueso de la cooperación de Venezuela de la cual la principal beneficiada es la familia gobernante. Pero es ingenuo creer que Maduro le quiera reclamar transparencia al régimen orteguista, si su mismo Gobierno permite que la cuantiosa ayuda venezolana no pase por el Presupuesto General de la República de Nicaragua, como debería ser para evitar suspicacias y, sobre todo, malos manejos.
También se comentó que Maduro venía a Nicaragua en busca de legitimidad, ya que su ejercicio presidencial está cuestionado por la acusación de fraude electoral. Pero mal podría legitimar a Maduro otro presidente ilegítimo como es Ortega, además de que a estos gobernantes populistas lo que les interesa no es la legitimidad democrática sino la imposición de su poder revolucionario.
Igualmente se mencionó que Maduro venía a comunicarle a Ortega las nuevas condiciones de la ayuda petrolera, ante la grave crisis que está sufriendo Venezuela. Pero la verdad es que la visita no tenía un motivo especial. Nicaragua ha sido el séptimo país de la región —todos ellos aliados de Venezuela— que visita Maduro desde que tomó posesión el 19 de abril pasado. Primero, el 27 de abril, fue a Cuba, como tenía que ser porque Fidel y Raúl Castro son los mentores políticos e ideológicos de la revolución bolivariana. El 7 de mayo Maduro viajó a Uruguay, Argentina y Brasil, los tres países suramericanos cuyos gobiernos son izquierdistas pero no pertenecen al Alba. El 24 de mayo fue a Ecuador, para estar presente en la toma de posesión del reelegido presidente populista y albista Rafael Correa. Al día siguiente, 25 de mayo, se trasladó a Bolivia para hacer una visita oficial a su socio Evo Morales y este sábado 1 de junio vino por fin a Nicaragua. Y a todos esos países que son beneficiarios del régimen chavista, Maduro fue a hacer lo mismo.
En realidad, el motivo de la visita de Maduro a Nicaragua se podía deducir de la información sobre las visitas que realizó de previo a los otros países mencionados, en los cuales igual que aquí hizo promesas vagas de ampliar la cooperación venezolana y los funcionarios que lo acompañaban firmaron acuerdos de segunda importancia con sus homólogos locales. O sea, mucho ruido de declaraciones de amistad y promesas de cooperación, pero pocas nueces de importancia real.
Evidentemente, la visita de Nicolás Maduro a Nicaragua fue parte de un periplo debidamente planeado, para posicionar su condición de heredero de Hugo Chávez y por lo tanto líder de la revolución bolivariana y del llamado socialismo del siglo XXI, ante los países que son aliados de Venezuela dentro y fuera del Alba. Un liderazgo que Maduro solo puede lograr a base de promesas de más cooperación, aunque la grave crisis que sufre Venezuela y en particular su industria petrolera difícilmente le permitirá cumplirlas, si acaso esta fuera su voluntad.
Al fin y al cabo, para esta clase de gobernantes prometer no cuesta nada. Su característica es prometer lo que no van a cumplir y hacer lo contrario de lo que prometen.
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